Martes 22 de mayo de 2012
última actualización: 13:58
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El Celta de Eusebio no sabe ganar. Lo que desconocemos es si se le ha olvidado o si, simplemente, nunca lo supo. Ayer, Balaídos fue testigo de las desdichas de un equipo roto, descorazonado y falto de ideas y carácter. Hasta ahora, el cuadro celeste no había logrado la victoria, pero había mostrado maneras esperanzadoras de cara al futuro. El partido contra el Hércules supone un punto de inflexión. El Celta ya no sólo no ofrece, tampoco promete.

Ayer, el rival supo ganarle la partida a los de Eusebio utilizando sus mismas armas. Los vigueses se habían encontrado en este inicio liguero con equipos especuladores, que llegaban a Vigo con la firme intención de cerrarse atrás y esperar sus oportunidades a la contra. El Hércules, por el contrario, demostró que es un grande de Segunda División. Los alicantinos se plantaron en Balaídos dispuestos a jugarle de tú a tú al Celta y salieron del estadio como vencedores de la contienda. A pesar de todas estas loas al contrincante, no se lleven a engaño. El Hércules no realizó un partidazo espectacular. Simplemente fue superior sin apenas forzar la máquina. El Celta se mostró inofensivo en ataque (en todo el encuentro sólo disparó una vez entre los tres palos) y demasiado generoso en defensa. Como siempre, un fallo puntual, en esta ocasión del guardameta Falcón, propició el gol visitante. Dispuesto a variar la dinámica, Eusebio realizó tres cambios en el once respecto al partido de Córdoba. Danilo, un futbolista que hasta hace un mes era transferible y no jugaba ni los amistosos, fue la principal novedad. El brasileño dejó en el banco a López Garai. Las otras dos caras nuevas fueron las de Iago Aspas y la del hasta ahora inédito en Liga Jordi. El encuentro comenzó con alternativas para ambos equipos. El Celta quería hacerse el dueño del balón, pero se encontró con un Hércules respondón. Los equipos que visitan Balaídos llegan con la lección bien aprendida. Saben que si ahogan el juego de Trashorras el equipo vigués se descompone y se empequeñece casi hasta el rídiculo. Y a eso andaban los alicantinos, que vencieron en la batalla del mediocampo. Ya en el minuto dos, avisó el cuadro visitante. Sendoa, demasiado solo dentro del área, remató a las nubes. La réplica llegó por medio de Danilo, que se sacó de la manga un buen disparo que se marchó por poco a la izquierda de la meta defendida por Calatayud. Este comienzo hacía presagiar que se vería un partido vistoso, pero el encuentro no cumplió con las expectativas iniciales. Ambos porteros se convirtieron en meros espectadores. El Hércules sólo creaba peligro con las internadas por la izquierda de Sendoa, que hacían que Hugo Mallo se desesperara ante la falta de ayudas que recibía de sus compañeros para taponar en esa zona. Entre bostezos e impotencia transcurrían los minutos sin que ninguno de los equipos fuera capaz de dar un golpe sobre la mesa. Arthuro no recibía balones y apenas los buscaba, Iago Aspas deambulaba sobre el terreno de juego sin encontrar su sitio, Dani Abalo era incapaz de desbordar, Trashorras no creaba juego... En fin, un completo despropósito. Llegó el descanso y Eusebio se percató de que debía mover ficha. Decidió reforzar el centro del campo dando entrada a López Garai. El sacrificado, sorprendentemente, fue Iago Aspas. Como ya hemos dicho, el moañés no completó su mejor partido, pero al menos se estaba mostrando activo. La segunda mitad comenzó con la que posiblemente fue la ocasión más clara del Celta. Dani Abalo se inventó un centro medido a la cabeza de Danilo. El testarazo del brasileño se marchó lamiendo el poste. Por desgracia, tan sólo un minuto después el Hércules estuvo más acertado. Sendoa botó un córner y un negligente Falcón salió a la desesperada para despejar un balón a por el que también había ido Hugo Mallo. Abraham Paz saltó más que ellos y su cabezazo se acabó colando en la portería.