Martes 22 de mayo de 2012
última actualización: 13:51
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La esposa del ex juez decano de Barcelona José Manuel Regadera declaró que su marido quiso matarla tras una discusión en la que ambos sufrieron lesiones, mientras que él aseguró que sólo se defendía de una agresión. En el juicio que tuvo lugar esta mañana en la Ciutat de la Justicia, en el que ambos estaban acusados de agresión, ofrecieron versiones contradictorias de la pelea que tuvieron el 2 de abril de 2008 en su domicilio.
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En su declaración, María Rosa Igay dijo que temió por su vida, ya que después de supuestamente agredirla, Regadera le dijo: ‘Se acabó.
Voy a acabar contigo para siempre’, fue a la cocina para coger un cuchillo del cajón de los cubiertos y subió de nuevo a la habitación de ella, donde se había encerrado. En su conclusión final, visiblemente afectada, ella sentenció: ‘Mi marido me pegó y me intentó matar esa noche’.
El ex juez decano alegó que solamente se defendía de los golpes que ella empezó a darle tras haber tenido una discusión por una infidelidad que él estaba cometiendo y que ella descubrió, tras decidir que se iban a separar. No obstante, ella aseguró que fue él quien empezó a agredirla después de preguntarle el nombre de su abogado para iniciar los trámites de divorcio.
Según la declaración de la esposa, Regadera --que había bebido ‘abundantemente’, algo que los testigos dijeron no haber percibido- la agarró de los antebrazos, la zarandeó, la empujó contra la pared y luego contra el marco de la puerta, y después le atrapó el brazo con dicha puerta, aunque finalmente ella logró zafarse. Después fue cuando presuntamente él fue a por el cuchillo, aunque los Mossos d'Esquadra que acudieron allí esa noche dijeron en el juicio que no vieron que él tuviera ningún arma.
Según la versión de Regadera, fue su esposa la que, tras dar por acabada la discusión, irrumpió en su habitación --dormían separados desde hacía unos diez días--, le dio un bofetón, le agarró de los genitales y le dio rodillazos y patadas, por lo que él la agarró de las muñecas y luego los antebrazos, y la intentó sacar de la habitación y cerrar la puerta, aunque ella lo impidió interponiendo su mano y su cabeza en la puerta. Negó en todo momento haberla zarandeado o golpeado y puntualizó que recibió también un arañazo y un mordisco.
