Martes 22 de mayo de 2012
última actualización: 13:21
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Si se pusieran a posar en plan Ana Obregón en una playa, los políticos españoles no saldrían mal parados, y ahí está el ejemplo de José María Aznar para demostrarlo. Salvo excepciones, contadas, la mayoría cuida sus cuerpos y mima la salud, y si no es por el footing, es por largos paseos o por la natación.

Es cierto que hay algunos que apenas hacen deporte, aunque quisieran, que la voluntad a veces cuenta. La portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Soraya Sáenz de Santamaría, reconoce que desde que estrenó el cargo ya no asiste a las largas sesiones de pilates que tanto le gustaban ni tiene tiempo de pulir el cuerpo.
Sólo le queda una de sus pasiones, pero sólo le queda en agosto: el submarinismo, que practica cuando el calor aprieta en lugares que no revela.
Dos compañeras suyas, la secretaria general de los populares, María Dolores De Cospedal, y la responsable de Organización, Ana Mato, se encuentran en tesituras similares, así que tiran de dieta para que no se les ablande la tripita.
De Cospedal aprovechará este verano para practicar 'un estricto descanso', en tanto que Mato intentará hacer algo de footing. El tiempo, bueno, la falta de tiempo, es en su caso el peor enemigo: empezó tenis y lo dejó, empezó paddle y lo dejó también.
A muchos diputados les gustaría disponer de más tiempo; quizá se escuden en ello para tapar una voluntad quebradiza, y ahí está el ejemplo del portavoz del PNV en el Congreso, Josu Erkoreka, que temprano por la mañana, y casi a diario, suele ir al parque madrileño de El Retiro a correr. Luego, directo a la Cámara Baja.
Es cosa de proponérselo y perseverar. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hace footing casi todas las mañanas, esté donde esté, y también es visitante frecuente de la piscina.
Se ve que entre los primeros ministros cunde eso de echarse kilómetros. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es 'fan' del gimnasio; el francés, Nicolás Sarkozy, se machaca con las zapatillas de running hasta en las horas centrales del día -hace poco le dio un síncope-; y el portugués, José Sócrates, es otro de los que sale a correr aunque esté lejos de casa.