Sábado 13 de marzo de 2010
última actualización: 18:34
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El Consorcio del Casco Vello (CCV) finalizará su vida activa en 2012, según se decidió en su constitución en 2005. Claro que en esta fecha, relativamente cercana, no se habrán cumplido sus fines, que se reducen a dos, y sus responsables calculan que harán falta al menos cinco para convertir el barrio histórico en una zona privilegiada y no marginal, y repoblarla. Para sorpresa del CCV, el barrio de A Ferrería, llamado ahora San Sebastián, no contaba con ningún residente oficial y todavía ahora sigue sin vida: a partir de octubre se iniciará el proceso de puesta a disposición de alquiler de los primeros pisos.
El reciente incendio de un casa en la calle Santiago, vecina de la Panificadora, encendió de nuevo la alarma sobre la situación del entorno de la plaza del Rey, la parte alta del Casco Vello, integrada por la barriada de Santiago y A Ferrería. A día de hoy, según explica el gerente del consorcio, integrado por Xunta (90 por ciento) y Concello (10%), Alfonso Ramos, ‘estaríamos en una situación intermedia, donde todavía no hay realidades evidentes pero ya hemos pasado la fase de pura teoría’. Lo cierto es que el consorcio que dirige ya ha conseguido adquirir un total de 40 inmuebles, la mayoría en el entorno del consistorio, y algunos de ellos ya están rehabilitados por completo o en fase avanzada de obras. En el resto se ha procedido a la demolición de la ruina para ir reduciendo al mínimo la marginalidad, que es el objetivo final de esta operación iniciada en 2005, cuando al fin se constituyó el consorcio tras largas conversaciones a tres partes entre el Concello, la Xunta y Zona Franca. Este último organismo se dio de baja más tarde, por lo que la mayor parte del presupuesto se quedó en manos de la Administración gallega. La fecha comprometida para poner punto final a la actividad del Consorcio Casco Vello es 2-, pero sus responsables consideran que sería más realista pensar en 2015. En 2008 se compraron edificios, con no pocos esfuerzos para localizar a sus propietarios, y se iniciaron los derribos e inicio de las rehabilitaciones, ya en marcha. Será a partir de septiembre u octubre cuando se pondrán en el mercado los primeros pisos, en principio para alquiler, con lo que A Ferrería tendrá sus primeros vecinos en años. Al parecer, no había nadie viviendo, al menos legalmente. Y a partir de ahí, seguir incrementando el censo poblacional y eliminar por completo la marginalidad. Esta operación se podría haber realizado con mayor rapidez con una expropiación generalizada seguida de realojos, pero políticamente era muy compleja. Finalmente se ha optado por ir poco a poco transformando la ruina actual y visible en un barrio antiguo y sin garajes, ‘como los que tienen Ourense, Santiago o Pontevedra, donde hay cientos de viviendas que no tienen acceso para el coche y no pasa nada’, explica Ramos.