El pontevedrés Alfonso Rueda, conselleiro de Presidencia e Xustiza, auténtico número 2 de la Xunta por su condición añadida de secretario del PPdeG, despacha en una oficina de aire espartano aunque con luz. Dentro, una torre de Hércules, una gran foto y algunos libros. Poco mobiliario y una pila de recortes de prensa seleccionados encima de la mesa donde trabaja, en el mismo centro del poder gallego.

Alfonso Rueda, durante la entrevista. Foto: vicente pernía
—¿Mejor en el gobierno que en la oposición? Se lo digo porque usted ha conocido mucho el otro lado y acaba de llegar al poder. ¿Cómo lo vive?
—Con mucha responsabilidad, cuando llegas aquí ves lo que es el día a día, muchas horas de trabajo, no sé si por ser el arranque. Estos dos meses han sido muy intensos, más incluso de lo que esperaba. En fin, tiene muchas cosas positivas, porque estás en el Gobierno y puedes poner en práctica tus ideas. Claro que tenemos el gran handicap de la situación económica complicada. Tenemos que priorizar lo urgente.
—Yen estos días ¿se han encontrado algo extraño debajo de la alfombra?
—Encontré todo muy vacío, incluso en este despacho estaban todas las estanterías vacías. Hay muchas cosas que cambiar y en ello estamos. Pero eso no quiere decir que aquello que estaba en marcha y consideremos bueno no lo vayamos a mantener, por supuesto.
—Desde fuera se le ve a usted como una suerte de vicepresidente. Es evidente que usted me dirá que no, pero así parece.
—No, no, de verdad. A lo mejor es por el nombre, Consellería de Presidencia, y porque a mí se me asocia más con el presidente por estos tres años en el partido, pero no me siento así. Esta consellería, es cierto, tiene entre sus competencias el apoyo a las labores del presidente, pero lo demás no es así. No existe la figura del vicepresidente.
—¿Con qué frecuencia despacha con el presidente?
—Muchas veces, por teléfono bastante, y con las nuevas tecnologías, con sms o correos electrónicos. No es tanto una presencia física, quizá una vez a la semana nos vemos aunque estamos cerca, pero él es de los que piensa que se arreglan muchas cosas hablando, sin necesidad de presencia física.
—A usted le toca regir la Administración gallega. ¿Cómo es? ¿Grande, pequeña, necesita crecer o reducirse?
—Es grande. La Xunta ha crecido muchísimo desde su nacimiento, como todas las comunidades autónomas. Lo que necesita es reordenarla, necesita cambios profundos: algunos ya los anunciamos, como toda esa administración de consorcios y fundaciones que se está solapando. Se pueden hacer cambios, los haremos hablando con los sindicatos, por supuesto, pero los vamos a hacer. Hay que aprovechar las nuevas tecnologías y en ese sentido vamos a hacer una apuesta seria.
—¿Hay pocos funcionarios o la Xunta necesita expandirse más, con nuevas competencias? En ese caso, ¿hasta dónde cree usted?
—A veces tener más competencias es complicado, y acabo de estar en una reunión con Chaves para pedirle más que mantiene ahora el Estado...
—¿Cuáles serían las más urgentes?
—Primero, las que quedaron negociadas pero están sin cerrar. Entre ellas las bibliotecas, la competencia en archivos, una serie en inspección de trabajo. Todo eso está ultimado. A eso añadimos las competencias en Tráfico, que tienen mucha entidad, y se van a negociar.
—¿Y los puertos también?
—En efecto, puertos, y todas las competencias en materia de seguridad marítima, la gestión de la AP-9 y AP-53...
—Es decir, todas.
—No, todas no. Hay una lista que se ha manejado de 33 ó 60. Lo normal es marcarse objetivos y prioridades y cuando logremos esas, ir por las siguientes.
—Van a realizarse oposiciones, las primeras tras no exigirse el gallego. ¿Cómo las afronta?
—Función pública no forma parte ahora de esta consellería, sino del departamento de Facenda. Se ha hecho un cambio, pero no es cierto que no se exija el conocimiento del gallego, pero sí la forma de acreditarlo. Lo que hay que hacer es que se celebren con todas las garantías.
—Un asunto conflicto que le atañe directamente: la delegación territorial de la Xunta en Vigo. ¿Le parece la distribución correcta? ¿Tendrá más competencias en el futuro?
—Hemos sido claros desde el principio. Hicimos este cambio en la estructura periférica de la Xunta con un objetivo: reducir altos cargos. Había 52 delegados provinciales en Galicia y ahora hay cinco, y eso supone un ahorro muy importante. Esa es la razón fundamental. A partir de ahí, habrá que preguntarle a quienes están diciendo cosas que no son verdad qué objetivos están buscando. Nosotros explicamos en las delegaciones de Pontevedra y Vigo los servicios que habría y lo hemos cumplido. Por lo tanto, esta polémica que se ha estado generando es sobre propuestas que no eran verdad. Yo creo que Pontevedra no pierde nada, y para Vigo es beneficioso que haya un delegado territorial que suponga la interlocución directa con los ayuntamientos de su entorno y la Xunta.
—¿Tendrán más competencias en el futuro?
—En principio la idea es la que tenemos. Hemos aprobado ya la estructura periférica de toda la Xunta de Galicia, diciendo exactamente lo que habría en cada lado.
—¿Le preocupó la manifestación que se celebró en Pontevedra exigiendo el cierre de la delegación de Vigo?
—Me preocuparon las cosas que dijeron los convocantes, especialmente el alcalde de Pontevedra y la representante socialista. Sobre el alcalde, estoy seguro de que en su fuero interno sabe que no es verdad lo que dice. No entro en los motivos de la gente para acudir a la manifestación, cada uno tiene derecho a hacerlo, otra cosa es que los convocantes tengan la obligación de contar la verdad, lo que no hicieron.
—¿Respiró cuando vio el resultado de la manifestación?
—No es cuestión de respirar. Yo soy de Pontevedra, vivo en Pontevedra y capto el ambiente. También el alcalde. Ya sabía que esa inquietud que dice que siente la gente, por mucho que cuente el alcalde, no está en la realidad. La respuesta fue acorde.