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Los jugadores de las categorías inferiores del Vigo Rugby Club han puesto en marcha una imaginativa iniciativa para llamar la atención sobre la precaria situación de este deporte en su ciudad, que consiste en enviar una carta en una botella a Jonah Lomu, leyenda de los All Blacks neozelandeses, para que le llegue por la denominada ‘teoría de los seis grados’.
La ‘teoría de los seis grados’ sostiene que todos estamos conectados a cualquier persona del planeta por medio de seis contactos interpersonales. Basándose en este principio, los jugadores de las categorías infantil y cadete del Vigo Rugby Club han decidido llamar la atención sobre las penosas condiciones en las que tienen que desarrollar su deporte enviando una carta en una botella a Jonah Lomu, ex componente de la temible selección neozelandesa, los All Blacks. El mensaje salió de Peinador el viernes de la semana pasada, portado por Joe Scully, jugador irlandés del equipo de veteranos del club vigués, quien lo ha llevado hasta Dublín en su primera etapa. A partir de ahí, se espera que la botella recorra el mundo hasta llegar a las manos de Lomu, que vive en la ciudad neozelandesa de Ockland, y su itinerario se podrá seguir en un blog abierto en internet que se puede consultar en las páginas web del Vigo Rugby y de la firma Torres y Carrera, patrocinadora de esta entidad deportiva. El proyecto se presentó ayer en un acto celebrado en una cervecería viguesa, al que asistieron el presidente del club, Ramón GonzálezBabé, y varios componentes del equipo cadete. González-Babé señaló que ‘lo llamativo de esta idea no es que vaya dirigida al que para muchos sigue siendo el mejor jugador de rugby de todos los tiempos, sino el método empleado para enviarla, un mensaje en una botella que irá de mano en mano, portada por gente del rugby de todo el mundo’. En cuanto a la elección de Lomu como destinatario, los promotores de la iniciativa destacaron que ‘es un símbolo del esfuerzo’ que se asocia a este deporte, ya que nació en un barrio marginal de una ciudad industrial, tuvo que retirarse a los 24 años por una enfermedad congénita y, tras un tratamiento de dos años, regresó al rugby para integrarse en un equipo galés, aunque no pudo volver a la selección de su país.