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Alberto Durán Núñez, el hombre que propició la transformación de Vigo en uno de los grandes puertos de cruceros, decano de los consignatarios, ex concejal y ex diputado del Partido Popular entre muchos otros cargos, falleció ayer a los 68 años víctima de una septicemia. El entierro se celebrará hoy en Pereiró (12 horas) y el funeral probablemente se desarrollará el lunes en la Colegiata, como quería. Ayer, muchos se acercaron ya por el tanatorio

Todos los diferentes sectores que componen el gran colectivo que utiliza el Puerto han considerado a Alberto Durán como uno de sus más importantes pilares, no sólo como experto y usuario de sus instalaciones durante muchos años y en incontables facetas, sino por el compromiso que siempre mostró para con esa zona de la ciudad en la que había nacido y a la que había servido con lealtad absoluta, vocación inquebrantable y un hermoso y sano sentido del humor que le obsequió con legiones de amigos que hoy lloran desconsolados su muerte. Alberto mantuvo siempre su confianza en la capacidad portuaria de Vigo y sus instalaciones para asumir tráfico de pasaje y la recuperación de las líneas de grandes trasatlánticos pertenecientes a las más importantes navieras del mundo, se debe en gran medida a su trabajo, su fe sin fisuras y sus espléndidas dotes diplomáticas. Su perfecto inglés, su desenvoltura y su carácter le abrieron todas las puertas. Nadie en su sano juicio, ni sus rivales políticos que los hubo pero con los que mantuvo siempre un comportamiento ejemplar y una exquisita cortesía, podía negarle nada a un hombre con un corazón tan grande como la cubierta de un gran crucero y tan tierno como su propia sonrisa. Nunca le faltó corazón para atreverse con lo que hiciera falta ni una sonrisa sincera y llena de afecto con la que allanó caminos y eliminó las barreras que otros muchos nunca pudieron demoler. Alberto Durán Núñez fue de todo y en todo estuvo impecable. Fue durante muchos años diputado del PP en el Congreso y dejó muchos rivales pero ningún enemigo. Estuvo de cónsul en su ciudad, ocupó un escaño como concejal del Ayuntamiento y asumió también representación política en el Parlamento de Galicia. Pero a esa tarea de político activo y efectivo al que jamás le importa anteponer los derechos, deberes y anhelos de la sociedad por encima incluso de las imposiciones y servidumbres partidarias, hay que añadir de una modo importante, su tarea en todo aquellos que oliera a mar y necesitara de sus servicios. Integrante de una larga saga viguesa de consignatarios, y auténtico experto en materias de ocio, turismo y movimientos sociales, desarrolló una trascendental tarea en todos los aspectos que tienen algo que ver con la actividad marina, desde los tráficos portuarios a la navegación deportiva, destacando por encima de todo su vocación hacia el crucerismo, tráfico que impulsó de forma decisiva. Los múltiples reconocimientos, los homenajes y las recompensas que recibió de manos de todos fuera cual fuera el color político de los que otorgaban, dan la medida de su integridad, su disposición, su honor y su capacidad. Alberto era, con mayúscula y con todos los pronunciamientos, un auténtico experto en estas materias y sus conocimientos fueron aprovechados por una ciudad que le ha querido mucho y a la que ha dedicado lo mejor de sí mismo. Por tanto, no es posible sintetizar en pocas líneas sus méritos, su virtudes y su espléndida condición humana. Fue un vigués ejemplar y un ciudadano de primera y un amigo único.