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CHUS LAGO alpinista y concejala de medio ambiente

“En la Antártida escucharé a Amy Winehouse”

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Javier D. Campa - Vigo - 30-10-2008

Chus Lago (Vigo, 1964) abandonará mañana de forma temporal su cargo al frente de la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento vigués para emprender la que probablemente sea su aventura más ambiciosa y complicada. Con la única ayuda de una brújula y un GPS, la alpinista quiere convertirse en la primera mujer española que atraviesa el Polo Sur, un recorrido de 1.200 kilómetros en solitario, en los que prevé invertir dos meses.

Chus Lago, ayer, en la terraza de su despacho en el Ayuntamiento de Vigo. Foto: raquel
Chus Lago, ayer, en la terraza de su despacho en el Ayuntamiento de Vigo. Foto: raquel

Tras ser la primera mujer española en alcanzar la cima del Everest sin oxígeno artificial y escalar algunas de las montañas más altas del planeta, Chus Lago se ha propuesto recorrer la Antártida en solitario, siguiendo los pasos de aventureros legendarios como Amundsen o Scott. Patrocinada por Caixanova y Canal +, para quien grabará un documental de la travesía, la alpinista viguesa sale mañana hacia Chile y el día 8 de noviembre iniciará el recorrido desde la base de Patriot Hill, unos 25 kilómetros diarios, con temperaturas de 50 grados bajo cero.
—¿Recuerda cuándo decidió emprender esta aventura?
—El 25 de diciembre de 2004, me acuerdo perfectamente. Estaba a cinco mil metros de altitud, en el Monte Vinson. Debían de ser las tres de la mañana y la temperatura, de 55 grados bajo cero. Había escalado esa montaña y desde allí veía el desierto antártico. Me empecé a acordar de Shackleton, Amundsen, Scott... y sentí curiosidad por saber qué se siente en un desierto polar.
—¿Qué dijo su familia cuando se lo planteó?
—Bueno, no es una cosa que lleve a debate nunca. ‘Me voy’ es lo que llevo diciendo desde que tengo uso de razón. La oposición siempre es frontal, pero saben que es una batalla perdida.
—Pero esta vez quizás es una expedición más peligrosa...
—(En bajo) No lo saben. Bueno, sí lo saben y lo llevan mal, sobre todo mi madre, que nunca ha querido que me dedicase a esto. Nunca he contado con el apoyo de mi familia porque no han querido que lo haga, entonces lo llevan mal. Me fastidia por ellos, porque mi madre es que acaba en el médico, le sube la tensión. Yo lo siento, pero es mi profesión, lo que me gusta y no puedo hacer otra cosa.


—Creo que que va a tener que cargar con 120 kilos en el trineo, ¿qué lleva exactamente?
—En realidad, 130. Llevo comida pesada, unos 50 kilos para 55 días, y 20 litros de combustible para poder calentar agua y poder preparar los batidos. El resto son la tienda de campaña, el saco de dormir, todos los aparatos electrónicos, el botiquín y la ropa. Allí intentaré hacer una nueva selección y eliminar alguna camiseta, pero es imposible ir con menos, contando también con el trineo, que pesa diez kilos.
—¿Qué va a comer durante esos dos meses?
—La comida está diseñada por un dietista y por un médico. Generalmente, cuando se emprende una expedición polar, la gente suele engordar mucho y llevar comida muy grasa, como tocino o mantequilla. Yo llevo ya dieta probaba por mí que está basada en los ácidos omega 3 y omega 6, en los que tira más la proteína que la grasa pura. Es una dieta que permite un control hormonal y por lo tanto descansas mejor y te recuperas mejor. Está probada aquí, no en el frío, pero se supone que funcionará igual. Según esa dieta, se hicieron los menús, Por ejemplo, pollo con vegetales, que los preparó la cocinera del restaurante El Casqueiro. Después la deshidratamos con una máquina y la prensamos y esa es la comida, hecha en el barrio. Después llevo galletas energéticas, batidos y aceite de pescado omega 3 en cápsulas, pero el plato más fuerte lo haré al final del día.
—¿Lleva música para un viaje tan largo?
—Sí, llevo a Fito y Fitipaldis, un poco de Sade, Concha Buika, Pavarotti... A veces sueño con tener un gramófono antiguo y ponerlo allí con la música a todo volumen. También escucharé a Amy Winehouse. —¿Y lectura? —No, porque no voy a poder leer. De hecho, creo que ni siquiera en el avión. Como siempre, voy a llevar un cuaderno de notas para apuntar sensaciones, pero lectura, no. Cuando escalo, sí leo, porque en el campamento base tienes tiempo, pero aquí no.
—Va a estar con luz 24 horas al día, ¿cómo cree que puede afectarle?
—Ya he estado y no me gusta nada. Todos necesitamos el ciclo del día y la noche y a mí me gusta que sea de noche, ver las estrellas, dormir en la oscuridad. Allí no hay una ruptura. Yo recuerdo despertarme en la Antártida y ser las tres y no saber si es de la madrugada o de la tarde y eso no me gustaba, no descansas igual. Esto es un problema y es una ventaja, porque no pasa nada si se hace de noche, siempre podrás montar la tienda.

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