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Carlos Mouriño (Vigo, 1943) afronta su tercera temporada al frente del Celta con dos grandes retos en el horizonte: devolver al equipo a Primera División y mejorar la economía de un club inmerso en la Ley Concursal. El presidente lamenta la falta de apoyos procedentes de las entidades públicas y privadas del municipio, pero se muestra optimista de cara al futuro. Asegura que no ha perdido la ‘confianza’ en Pepe Murcia y considera que la plantilla celeste tiene suficientes posibilidades como para luchar por el ascenso.
—Acaba de empezar su tercera temporada al frente del Celta, ¿vive un momento mejor o peor que en cursos anteriores?
—Hasta que el Celta supere sus problemas, va a ser convulso, vamos a tener altibajos. Lo que necesitamos es estabilizar al club y, por muy bien que nos vaya en lo deportivo, no lo lograremos si no arreglamos la parte financiera.
—¿Mantiene la misma ilusión que cuando llegó?
—Creo que tengo más, aunque resulte contradictorio. Todo lo que he sufrido con el Celta, no lo había padecido como aficionado. Esa angustia o te hunde o te da unos bríos tremendos para salir adelante. Aunque no tengamos la plena conformidad de la afición, tenemos que seguir peleando.
—¿Nunca pensó en desistir, en abandonar el club?
—Hay momentos muy malos, en los que moralmente estás hundido. Pero es el día en que surge el problema, el de un mal resultado. El día siguiente te dices que tienes que poder más que los problemas.
—¿Está satisfecho con cómo han ido las cosas desde que el Celta se acogió a la Ley Concursal?
—Sí. Hemos rebajado la deuda casi en cinco millones de euros, estamos manteniendo un presupuesto estable y llevamos dos años seguidos teniendo superávit, antes de amortizaciones. Esto es lo que nos tiene que dar seguridad de cara al futuro. Para la afición es más importante jugar UEFA o Champions, pero para nosotros lo es que el club no sufra jamás el peligro de disolución o descenso por impago.
—¿Puede asegurar que el proceso concursal no va a terminar en la desaparición del club?
—No lo puedo asegurar porque no depende de mí. Hay tres partes importantes: Caixanova, Ayuntamiento y nosotros. Estamos haciendo aquello con lo que nos comprometimos. Ahora, falta que nos pongamos de acuerdo con los administradores y Caixanova y que el Concello acepte el contrato del campo. Siempre hemos dicho que cada uno está poniendo lo suficiente de su parte como para que no haya ningún problema.