última actualización: 21:29
El tercer proyecto de Carlos Mouriño al frente del Celta ya no guarda ni un solo recuerdo de lo que fue el club hace sólo dos años. Después de tres intensas oleadas de despidos, el empresario ya ha conseguido un equipo construido a su gusto. Perera, Roberto de Souza y George Lucas son los últimos en salir. El presidente tiene lo que quiere.
Ya no hay disculpa. Carlos Mouriño inicia su tercera temporada al frente del club con un equipo absolutamente renovado. Los dos fiascos anteriores llevaron al equipo desde la UEFA hasta Segunda y de ahí a la Ley Concursal. El presidente del Celta alegó en ambas ocasiones en su descargo que todavía no había conseguido confeccionar un equipo propio y que los malos resultados eran el fruto de la herencia. Ahora, tal y como reconoció públicamente el pasado miércoles, no habrá ‘en Segunda ninguna plantilla más motivada que la del Celta’.
La tercera oleada de despidos, cuya suma total afecta a más de una veintena de empleados, se dirigió principalmente al vestuario. Lequi, Perera, Roberto de Souza y George Lucas son los últimos marginados por la política de limpieza de un Mouriño que cree tener controlada la plantilla.
El presente verano comenzó con otro rosario de salidas en las que cabe destacar la del doctor Mario Galán después de dos décadas como celeste y la del entrenador de los juveniles, Álex Fernández. Esta última refriega alcanzó incluso al delegado José Manuel Fernández Miranda, otro con un lustro de trabajo en el Celta, bajo extrañas acusaciones de haber robado material deportivo en las instalaciones del club. El periodo estival se cierra con la salida de uno de los baluartes del equipo la última campaña. El pacense Jesús Perera, uno de los pocos jugadores que destacó por su trabajo sobre el terreno de juego y que se mostró realmente motivado durante toda la campaña, acabó firmando por el Rayo Vallecano. Transferible hace un año, cuando llegó Stoichkov, y todo lo contrario hasta hace dos semanas, en su marcha Perera dejó de percibir importantes cantidades que le adeudaba Mouriño.
Con la entidad en la mayor crisis de su historia, el presidente se juega en los próximos meses su futuro y, por desgracia, el del club.