última actualización: 11:05
Sólo el necio confunde valor y precio. Dedicado a quiénes conocen el valor de las cosas que no tienen precio.

Existen lugares mágicos en este planeta moribundo, dicen por todas partes que debemos protegerlos y cuidarlos, preservarlos para las futuras generaciones de hombres y mujeres que pueblen este mundo… y todos parecemos conformes con este pricipio de conservación, hasta que entra en juego el poderoso caballero.
Estamos tan acostumbrados a los precios que olvidamos su valor. Cuando nos dicen que están en juego los puestos de trabajo de un par de cientos de personas, solemos poner mala cara y preocuparnos por el futuro inmediato de sus familias y de nuestras hipotecas y gastos que vemos peligrar ante la inestabilidad laboral.
Pero les recuerdo que sólo el necio confunde valor y precio. Tendemos a la necedad con tal rapidez que nos cuesta pensar a medio plazo en el valor de lo que nos jugamos.
¿Cuánto cuesta un manantial de aguas cristalinas? Si embotellamos y transportamos nuestro manantial igual represanta una inmensa fortuna. ¿Cuánto pagaríamos por un lugar mágico en el que descansar del agobio de la vida diaria? Si se trata de un hotelito de alta montaña bien comunicado y situado en las guías de los mejores tour operadores seguramente pagaríamos una pequeña fortuna por tener participaciones en el negocio.
¿Cuánto dinero cuesta reconciliar nuestra alma con nuestro cuerpo y ser inmensamente felices? Si nos estamos refiriendo al Paraíso entonces el precio puede ser infinito.
Nuestra necedad es de tal calibre que renunciamos al Paraíso por unas pocas monedas que paguen nuestras hipotecas y satisfagan nuestros gastos mensuales en el supermercado de la vida.
Nadie en su sano juicio aceptaría tan mal negocio y sin embargo todos empujamos en dirección al desastre. Si estamos enfermos, si la razón no rige nuestras decisiones, si somos capaces de trabajar para nuestra propia ruína, deberíamos hacérnoslo mirar…!