última actualización: 18:29
Un turista alemán ha sido rescatado con vida, tras 114 horas entre los escombros del edificio donde se encontraba cuando el terremoto arrasó la localidad de Wenchuan el pasado lunes. Cinco días después del seismo que asoló 100.000 kilómetros cuadrados en el suroeste de China, la oficina de respuesta de emergencia del Gobierno cifra en 29.000 los muertos, aunque se teme que la cifra llegue a los 50.000.
El rescate de supervivientes y la prevención de epidemias ante las dificultades para obtener agua potable y la acumulación de cadáveres son las prioridades establecidas por las autoridades chinas en una carrera contrarreloj a medida que avanza el tiempo.
Llamamiento del presidente a los equipos de rescate
El presidente chino, Hu Jintao, que ha viajado a la zona más afectada después de que hiciera lo mismo el primer ministro, Wen Jiabao, ha animado a los equipos de rescate militares, policía armada y voluntarios civiles, a luchar contra el tiempo para salvar vidas.
A pesar de que disminuyen con el paso del tiempo las probabilidades de encontrar supervivientes bajo los escombros, el esfuerzo no debe cesar 'pues es la prioridad de nuestro trabajo', ha dicho Hu a los equipos, según la agencia oficial Xinhua. 'Las labores de rescate entraron en la fase más crucial y debemos hacer cualquier esfuerzo, luchar contra el tiempo y superar todas las dificultades', añadía el máximo líder chino, que desarrolla una incesante actividad visitando hospitales y víctimas.
Poco después de estas declaraciones trascendía la noticia del rescate del turista alemán que ha pasado casi cinco días sepultado bajo los escombros.
Las autoridades consideran que el del pasado lunes fue el 'peor y más destructivo terremoto desde que se creó la República Popular de China en 1949'. Por eso están reclamando un trabajo sin descanso a los equipos de rescate para evitar que los daños por el seísmo de 7,8 grados de magnitud en la escala abierta de Ritcher sean similares o mayores que en 1976, cuando tembló la ciudad nororiental de Tangshan, cercana a Pekín, y originó oficialmente 300.000 muertos, aunque algunas fuentes los cifran en un millón.