Domingo 20 de julio de 2008
última actualización: 15:05
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Los miembros de la secta religiosa que desde hace medio año esperaban el fin de mundo en una cueva a unos 600 kilómetros al sudeste de Moscú pusieron hoy término a su encierro subterráneo y salieron a la superficie.
El final fue sorpresivo ya que los nueve sectarios, siete mujeres y dos hombres, habían anunciado que saldrían de la cueva a mediados de junio, para la festividad de la Trinidad.
Según el jefe de la administración del distrito de Bekosvk, Vladímir Provorótov, la advertencia de que existía el peligro de envenenamiento por la presencia en el refugio de los cadáveres de dos sectarias, fallecidas hace varias semanas, fue determinante para que se produjera la salida de la cueva.
‘Se encuentran bien’, dijo Provorótov, citado por la agencia Interfax, al referirse al estado de salud de los fanáticos tras su prolongado encierro bajo tierra.
El vicegobernador de la región de Penza, Oleg Mélnichenko, anunció, por su parte, que los equipos de rescate exhumaron esta madrugada los restos de las dos mujeres, que fueron trasladados a un depósito de cadáveres de un hospital local, donde serán practicadas las autopsias.
Los miembros de la secta apocalíptica aseguran que una de las mujeres falleció a causa de ayuno severo y la otra, de enfermedad, según fuentes de la Fiscalía citadas por la agencia RIA-Nóvosti.
El encierro comenzó en noviembre del año pasado, cuando 35 miembros de la secta apocalíptica ‘La auténtica Iglesia Ortodoxa Rusa’ entraron en la cueva, acondicionada previamente, para esperar la llegada del fin del mundo.
Los sectarios había hecho acopio de víveres y combustible para vivir meses o incluso años, y contaban con un pozo para cubrir sus necesidades de agua.
Para llevar la cuenta del tiempo, los miembros de la secta utilizaban relojes y un calendario, y también podían ver la luz del día a través de los tubos que habían instalado para ventilar la cueva.