última actualización: 18:43
Hristo Stoichkov, Juan Ramón López Caro y Antonio López. Ninguno ha podido obtener los resultados que se esperaban de este Celta ni gobernar un vestuario que les ha dado más problemas que alegrías durante su estancia en el banquillo celeste.
La ‘dimisión irrevocable’ de Antonio López ha sido el último fiasco del segundo proyecto de Carlos Mouriño. Ha fallado el presidente, también el director deportivo, pero sobre todo un vestuario que, como dijo el técnico de Pozoblanco hace menos de una semana, ‘devora entrenadores’.
Los problemas en el seno del conjunto celeste se han sucedido a lo largo de toda la temporada. Ya en verano, la mala relación de Hristo Stoichkov con algunos de sus futbolistas derivó en situaciones grotescas. El técnico búlgaro no contaba con Jesús Perera, Matías Lequi y Pablo Contreras y a estos dos últimos ni siquiera los convocó para los típicos amistosos del periodo estival. Ninguno encontró acomodo en otro club y permanecieron en Vigo. Sin embargo, no disputaron ni un solo minuto hasta el último partido del búlgaro con el Celta. Entonces, le dio treinta minutos frente al Xerez a un Jesús Perera que a la postre se convertiría en uno de los mejores jugadores del conjunto olívico en el presente curso.
Los ánimos parecieron calmarse con la llegada de Juan Ramón López Caro. El preparador de Lebrija empezó de cero y, de hecho, le acabaría otorgando la titularidad tanto a Perera como a Lequi. No obstante, fue el principal responsable de los despidos de Pablo Contreras y el preparador físico Miguel Martínez.
Tras su destitución, el club apostó por Antonio López, que había convivido con los futbolistas desde que arrancó la pretemporada. Todo parecía indicar que tendría una buena relación con sus pupilos, pero la presión de los malos resultados pudo con el cordobés. Dejó de contar con hombres como Fernando Sales, Quincy o Vara y arremetió públicamente contra algunos de sus futbolistas, de los cuales dijo el viernes pasado que ‘están pensando en las musarañas’. Entonces, también aseguró que la dinámica que el equipo venía manteniendo a lo largo del curso ‘devora entrenadores’.
Y lo cierto es que los números le dan la razón. Ni él, ni Stoichkov ni López Caro han sido capaces de obtener los resultados que se esperaban de un Celta que navega a la deriva y que, a cinco jornadas para el final del curso, pelea por evitar el descenso a Segunda División B y, en ese caso, la casi segura desaparición de un club histórico.