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La sección segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas condenó a 6 años y medio de cárcel a F.G.S., de 39 años de edad y natural de Vigo, por un delito de lesiones tras lanzar una videocámara hacia el rostro de su novia en Las Palmas de Gran Canaria, después de que ella se negase a que la grabara desnuda y, como consecuencia del impacto, perdió totalmente la visión del ojo izquierdo.
El condenado deberá además indemnizar a la víctima con un total de 50.000 euros. La Audiencia Provincial establece también la prohibición de acercarse al domicilio de la joven, a los lugares normalmente frecuentados por la misma y a su lugar de trabajo en un radio de 500 metros, al igual que la prohibición de comunicarse por cualquier medio con ella durante diez años.
Según la sentencia, F.G.S. propuso a su pareja que pasara la noche del 3 de abril del 2006 en su compañía en su apartamento de la capital grancanaria e intentó grabarla desnuda con una videocámara, pero ella ‘se negó rotundamente como había hecho en otras ocasiones’.
Se inició una ‘fuerte discusión’ entre ambos, en la que forcejearon por la cámara, que cayó al suelo y al recogerla y observar que estaba rota, el acusado, a voz en grito, se dirigió a su pareja diciéndole ‘mira, ya me rompiste la cámara’.
Posteriormente, con ánimo de menoscabar la integridad física de la mujer ‘se la lanzó con fuerza hacia su rostro, impactando de pleno en su ojo izquierdo, lo que hizo que ella se mareara’. A continuación, el acusado empujó a su pareja al tiempo que le decía ‘fuera de mi casa’, si bien, ante las súplicas de ésta, le permitió vestirse, ya que llevaba puesto tan sólo una camiseta.
EL DOLOR NO CESO.
Al salir del apartamento, la víctima sufrió un desvanecimiento en el pasillo y al recuperar la conciencia se dirigió a su domicilio donde, sin darle mayor importancia al golpe, se aplicó en el ojo un remedio casero, añade el escrito.
Sin embargo, al día siguiente como el dolor aumentaba acudió a una farmacia donde le recomendaron dirigirse a urgencias, por lo que la víctima fue a la clínica Perpetuo Socoro, en la capital, desde donde la derivaron al Hospital Insular.