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Conocido como el embajador de la música caboverdiana, Tito Paris ofrece un sonido africano, lleno de ritmo. Afirma entender el lenguaje de los instrumentos y escucha su alma para componer y engarzar las palabras en las canciones: ’Mi música es principalmente criolla, en su tradición y raíces, ya que mezclo influencias angoleñas, lusas o brasileiras’.

Nacido en Cabo Verde, en el seno de una familia de músicos y cantantes de Mindelo, comenzó a dar sus primeros pasos como intérprete a los 9 años con el violín acústico. Se trasladó a Lisboa con 19 años para tocar con Bana, una leyenda viva. En 1985, publicó su primer trabajo ’Fidjo Maguado’. Ahora es considerado como el auténtico embajador de la música caboverdiana. Ayer actuó en Caixanova, dentro del ciclo ’Música Babel’.
¿Cúal es el conocimiento de la musica de su país en Galicia? La difusión que tiene la música caboverdiana a nivel internacional es reducida. Se puede decir que aún es un poco virgen y el público europeo no la conoce.
Usted es considerado como el máximo representante de la producción musical de Cabo Verde, ¿se reconoce ese mérito? Mi música es muy rica en influencias, aunque la raíz está en la tradición caboverdiana, también se pueden distinguir diversas fuentes que le aportan un carácter netamente criollo, al fusionarse con otros estilos africanos como el de Mozambique y el de Angola, así como sonidos del norte de Portugal o de la propia samba brasileña. También se reconocen aportes de música latina.
La música africana se caracteriza por el ritmo, ¿cómo define su obra: para bailar o meditar?
Es una música para sentirse cómodo, hay ritmos más bailables, pero también hay melodías para relajarse. Son sonidos personales, que beben de la tradición. En cuanto a las letras, le canto al día a día, al amor, a la alegría, a la vida.
¿Concibe algún proyecto en fusión con la música gallega?
He colaborado en el último trabajo de Ugía, a la que me une una gran amistad. El sonido gallego es interesante, muy caliente. Pero ahora estoy centrado en un nuevo álbum acústico, en el que estoy trabajando con mucho mimo y cuidado.