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JOSÉ Mª CASTILLO - ponente inaugural del congreso colectivo verapaz

‘El PP perdió las elecciones por vincularse a posturas de la Iglesia’

Nacido en Puebla de Don Fadrique (Granada) en 1929,
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ANA BAENA - vigo - 29-03-2008

Nacido en Puebla de Don Fadrique (Granada) en 1929, José María Castillo es doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma. En 1988 fue apartado por la jerarquía eclesiástica de su cátedra de Teología en la Universidad de Granada por sus opiniones críticas. Actualmente imparte clase en la Universidad Centroamericana (UCA) de San Salvador.

José Mª Castillo, ayer en su charla en la parroquia de Cristo de la Victoria. foto: nuria
José Mª Castillo, ayer en su charla en la parroquia de Cristo de la Victoria. foto: nuria




El teólogo José María Castillo fue el encargado de inaugurar el congreso colectivo Verapaz, que este año se celebró en Vigo (en la parroquia del Cristo de la Victoria, en Coia) bajo el título ‘Cristianas, entre crisis y esperanza’. Castillo abrió la sesiones ayer ante una aforo completo, de más de 300 asistentes, con la ponencia ‘¿Por qué hablar de crisis en la Iglesia? Análisis y alternativas’.

—Usted defiende las posturas de la Asociación de teólogos y teólogas Juan XXIII, colectivo del que es vicepresidente.
—Esta asociación surge en los años 80, cuando en el pontificado de Juan Pablo II se agudizan los conflictos entre los obispos y los teólogos. No defendemos la confrontación con la jerarquía, trabajamos por la libertad de la teología para exponer el mensaje cristiano.

—Muchos teólogos alarman sobre la separación de la Iglesia y la sociedad, ¿aún puede haber solución?
—Es un fenómeno más complejo de lo que parece. La sociedad y sus instituciones tanto políticas como culturales avanzan a un ritmo acelerado. Al otro lado, las religiones en general y la Iglesia en concreto se quedan rezagadas porque se basan en tradiciones y relevelaciones de otra época. Así, la jerarquía tiene la tendencia de mirar al pasado en vez de ponerse al día y plantearse el motivo de esta separación. El resultado es grave: menos fieles, menos vocaciones, menos practicantes y más conflictos. La Iglesia se siente amenazada y se produce un giro hacia el fundamentalismo y la intolerancia, lo que Giddens denomina ‘tradición acorralada’.

—¿Cómo se traduce este fundamentalismo en el día a día?


—Esta reacción lógica de la Iglesia al sentirse amenazada, la lleva a ponerse a la defensiva, tomar posturas agresivas. En el caso concreto de España se traduce en una vinculación con los partidos de derechas, como sucede con el Partido Popular. Este apoyo mutuo perjudica a ambos. En mi opinión, el PP perdió las últimas elecciones por comprometerse con las posturas más reaccionarias de la Iglesia católica.

—¿Defiende entonces la existencia de un Estado laico?
—La separación de la Iglesia y el Estado es fundamental. Considero que Zapatero fue muy indeciso en su negociación con la jerarquía. Tenía que haber sido más valiente y poner a la Iglesia en su sitio, acabando con sus privilegios residuales que se mantienen en la Constitución y en los acuerdos de 1969. Cuando en una sociedad plural como la nuestra se beneficia a un credo se originan conflictos, porque todos los ciudadanos tienen los mismos derechos. Es importante tener claro que la diferencia tiene que existir porque es un hecho, pero no puede justificar la desigualdad, que se refiere al derecho. Cuando una creencia religiosa se considera dueña de la verdad absoluta, no se puede garantizar el respeto a los demás.

—En caso de retirarle estos privilegios que goza la Iglesia española, ¿tiene medios para autofinanciarse?
—Sí, es algo que viene sucediendo en Francia desde hace años. Los creyentes deben concienciarse que si quieren mantener la liturgia, tienen que costearla. El ejemplo es claro: cuando en los oficios pasan la bandeja, los franceses dejan billetes, mientras en España, sólo monedas. Aquí saben que el Gobierno mantiene a la jerarquía por medio de partidas presupuestarias.

—¿Qué papel le corresponde a la mujer dentro de la Iglesia?
—El mismo que el que desarrolla el hombre. La mujer puede ser sacerdote, obispo y tener competencias de gobierno dentro de la jerarquía católica. No existe ningún dogma que justifique la discriminación que sufre la mujer dentro la jerarquía católica.

—El poder económico y la gestión de la riqueza de los eclesiásticos es otro tema caliente.
—Del poder económico de la Iglesia hay que hablar con cautela, ya que actualmente no es tanto como se cree. Tiene importantes posesiones que no se traducen en dinero, ya que son patrimoniales, forman parte de la riqueza cultural de los países. A veces, hay instituciones o personas religiosas que manejan gran cantidad de dinero en negocios turbios como en Gestcartera. Sin embargo, estos casos, aunque muy llamativos, no son los más comunes.

—En plena crisis ¿es Latinoamérica la reserva de la fe?
—En Latinoamérica existen una fuerte tradición católica; el pueblo es espontáneamente creyente y prácticante. En muchos casos, como en Brasil y Cuba, mezclan la religión con supersticiones y tradiciones. Hay que tener en cuenta que la fe está muy ligada a experiencias o situaciones difíciles. Así, el dicho ‘en las trincheras no hay ateos’ tiene mucho de verdad. La opulencia y el consumo excesivo es muy peligroso para los creyentes, que fácilmente olvidan su fe. Esto es lo que pasa en el primer mundo, donde su sistema económico es el culpable del hambre que se sufre en los países en vías de desarrollo.

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