Viernes 24 de mayo de 2013
última actualización: 18:21
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El baionés Ricardo Viéitez estudió en Santiago el primer ciclo de Ciencias Políticas, más tarde se trasladó a Madrid para finalizar sus estudios durante otros dos años, debido a sus inquietudes viajó a Salzburgo, Viena, Bruselas y Londres en donde también estudió relaciones internacionales, hizo prácticas, aprendió Inglés y trabajó durante varios años. Comenzó su aventura en el mundo de los campos de refugiados en Addis Abeba trabajando para Oxfam e Intermon para enlazar una y otra vez en multitud de campos por todo el continente africano. Actualmente dirige tres campamentos civiles en Sudán del Sur, el país más joven del mundo.

No cabe duda de que usted es una persona con unas inquietudes vitales enormes, ha estado en multitud de países de toda Europa pero después de tantos viajes ¿se podría decir que lo que usted buscó fue acabar trabajando para este tipo de instituciones?
Bueno la verdad es que no sabía muy bien lo que quería hacer. Cuando acabé selectividad no sabía lo que quería. Lo que siempre tuve claro es que soy muy inquieto y que quería salir de aquí por eso de entrada me fui a Santiago en vez de quedarme en Vigo. Más tarde estudié Ciencias Políticas ya que en aquel momento era lo menos determinado, es una carrera bastante generalista. Allí a los poco años me agobié y decidí irme a Madrid, pero allí me volvió a pasar un poco lo mismo y en dos años dije me voy. Es mi curiosidad vital.
Cuando le enviaron al continente africano, ¿cuál fue su primera impresión? Porque la diferencia tiene que ser muy notable
La diferencia es brutal cuando lo ves desde aquí, una vez que llegas sobre todo a capitales no te choca tanto lo que ves, yo creo que se mitifica mucho lo que vemos por la televisión, los niñitos con las barrigas hinchadas y desnutridos pero no todo es así. El continente tiene ciudades muy desarrolladas, África está teniendo un crecimiento más rápido que el de los países desarrollados y es un territorio lleno de oportunidades. Hay zonas muy peligrosas pero también hay países estables como Kenia o Etiopía.
Es cierto como usted dice que tiene que ser vocacional, tiene que enganchar pero ¿cómo son realmente los campos de refugiados?, ¿qué sensaciones le causó?
Yo tuve la buena o la mala suerte de empezar en el asentamiento más duro del mundo Dadaab, ubicado en Somalia. Ahora mismo hay dos cooperantas españolas secuestradas allí, estaban cuando estuve yo y ahora siguen cautivas. Es duro ver como medio millón de personas viven en casas de barro y tiendas sin nada que comer, pero al mismo tiempo es gratificante aunque no tienes vida social y trabajas los 7 días de la semana. Aún así el tiempo pasa sin más por lo bien que te sientes.