Lunes 20 de mayo de 2013
última actualización: 15:50
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La academia de la Lengua, aunque con ciertas resonancias a eslogan publicitatio de algún detergente, mantiene el lema de: 'limpia, fija y da esplendor al idioma'.
Y de una manera más explícita, en el artículo primero de sus estatutos, se preceptúa la obligación de 'establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección y de contribuir a su esplendor'.
Y siendo por tanto, coherentes con estos contenidos, echamos muy en falta, al académico que elegido o designado portavoz de la docta casa, ejerza ese protagonismo, tan necesario y útil, de difundir esos criterios de propiedad y corrección a que aluden los estatutos mencionados.
La sociedad necesita oír la voz autorizada de la Academia, ante la desorientación y, el alarmante aumento, de incorrecciones léxicas de bulto, que se reflejan a diario, y que van en contra de los usos generales de la lengua, degradándola, con toda suerte de transgresiones, tópicos y muletillas, mal empleados.
Aunque los ejemplos, sobre lo comentado, podrían resultar exhaustivos, nos fijaremos principalmente en uno, en el que incurren con frecuencias, desde catedráticos de universidad, escritores, jueces, políticos, etc.
Se trata del mal uso de los pronombres posesivos: mío, tuyo, suyo, nuestro, vuestro y sus plurales y femeninos, que denotan la posesión a la persona gramatical, supliendo esta condición incorrectamente, por la de meros indicadores personales, sin valor posesivo complementando a adverbios de lugar.
Así se expresa erróneamente: detrás mío, detrás tuyo, encima tuya, cuando alguien va delante de mí.
Siendo lo correcto, en los casos citados: detrás de mí, detrás de ti, encima de ti, y delante de mí.
Si bien hay que tener en cuenta, sobre este particular, las excepciones que contempla la Academia aceptando el empleo de posesivos tras el adverbio alrededor: miró consternada alrededor suyo. Este ejemplo se adaptaría a la excepción explicada.