Viernes 24 de mayo de 2013
última actualización: 18:21
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'Ligar la política territorial al medio ambiente y hacer del respecto medioambiental un principio irrenunciable en todas las áreas de gobierno' En el décimo punto del 'Contrato con Galicia' firmado por Feijóo antes de las elecciones de marzo de 2009, el candidato del PP se comprometía con el medio ambiente.
Lo primero que hizo nada más llegar al poder fue suprimir a Consellería de Medio Ambiente, que durante el bipartito fue dirigida por Pachi Vázquez, ahora líder del PSdeG y sumarla a la de Infraestructuras y Territorio, que conduce Agustín Hernández.
Con el análisis del décimo epígrafe, La Región continúa el balance del grado de cumplimiento del 'contrato', siguiendo la invitación cursada en aquel momento por el candidato del PP y que esperaba superar con una nota 'no inferior a sobresaliente'.
Suele ocurrir que cuando se llega a San Caetano los políticos se olvidan de que se presentaron con un programa electoral. Así, en este texto aparecían muchas promesas y planes rimbombantes como el 'plan de racionalización, captación transporte, uso e tratamento da auga; plan especial de protección de cabeceiras das cuncas dos ríos; plan de acción de reservas da biosfera', en donde Ourense cuenta con la Reserva Internacional Xurés-Geres y se anunciaban planes rectores y de usos de todas estos espacios...
Los grandes planes quedaron en el papel. Había una estrategia gallega do patrimonio natural y de la biodiversidad, pero en estos momentos ya no existe.
En el documento que se entregó a la sociedad también aparecía el compromiso de dar estabilidad a las normas que regulan el uso del monte afectado por los incendios y se insistía en que no se puede cambiar la legislación de un día para otro y sin consenso, pero la nueva ley do monte fue hecha con los votos en contra de los grupos de la oposición, ya que según la diputada socialista Carmen Gallego, 'agrava los problemas al relajar proximidad de las grandes masas de vegetación a los núcleos de población'. Las asociaciones ecologistas también critican que favorece a las industrias y a los cazadores.