Lunes 21 de mayo de 2012
última actualización: 10:52
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Marieta Quesada muestra sus obras más recientes en la galería viguesa Dua2.

Retratos, marinas y bodegones conforman una colección envuelta en una atmósfera casi onírica que aporta a cada lienzo de una realidad propia. Nace en Vigo en 1962, en el seno de una familia de artistas: Su padre, Fernando Quesada, dibujante; su madre, Ana Legido, pintora, además de once parientes más dentro del mundo del arte. Este ambiente marcará su vocación artística ya desde muy joven, aunque reivindica su individualidad. Residente en Córdoba, mantiene muy vivo el vínculo con su tierra natal. Un problema aéreo le impidió estar el día de la inauguración, pero la semana pasada acudió a visitar su exposición en Marqués de Valladares, 35.
Su obra semeja envuelta en una atmósfera hipnótica. ¿Cómo consigue ese efecto?
Forma parte del proceso de creatividad. Al combinar los pigmentos se va creando poco a poco nuevos tonos. El secreto está en trabajar desde el claro al oscuro. Antes hacía el proceso a la inversa, pero al exponer mis cuadros en la galería que me lleva en Colonia, parecían otros. La luz ambiental alemana los apagaba. Para ellos, el blanco es espacio, deja de ser un mero color y se convierte en un captador. Con ese concepto hice mis obras más luminosas.
'La faena' se inspira en el mar, pero no es una marina clásica.
Me interesa representar el trabajo de los marineros. Muestro el momento después de faenar, de madrugada, con las gaviotas revoloteando.
Este mismo instante se aprecia en sus retratos.
Busco por una parte el aspecto físico; que se parezca al personaje. Pero también inmortalizar un momento concreto: el instante antes de que pase la acción.