última actualización: 18:40
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No había otra camarera del Cristo que no fuera mi madre, o mi tía Pepita o mi hermana Chicha, y ahora mi hermana Cristina. Esta tradición viene de lejos, pues mi abuela, que no conocí, ya tuvo el honor de serlo, como mi bisabuela o quizá mi tatarabuela, pero esto es decir mucho, porque no lo sé a ciencia cierta.
Y este escrito es mi pequeño homenaje a estas mujeres fenomenales que, cuando llegaban las Fiestas de Bouzas, dejaban sus trabajos, olvidaban sus preocupaciones y se dedican a arreglar al Santo Cristo sin importarles otra cosa que no estuviera relacionada con Él.
Mi hermana Pilar me diría que los homenajes los tienen que hacer los demás; pero ella, que era otra mujer fenomenal, se fue y con ella mi equilibrio y, pasado el tiempo, aún no me he acostumbrado a su terrible ausencia. Pero no se enfadará conmigo, porque ‘no hay que complacer a medio mundo, sólo a aquellos que realmente importan’. Y ellas, estén donde estén, seguro que en el Cielo, les gustará leerlo...
De mi madre destacaría su exquisito gusto y su gran corazón. Cuando llegaban estos días, mi casa daba un gran cambio, los horarios no se respetaban, ya que ella se pasaba horas y horas metida en la iglesia arreglando al Santo Cristo y tratando de hacerlo mejor y distinto cada año. Se dedicaba en cuerpo y alma a su trabajo y, en esos días, su trabajo era el Santo Cristo. Tenía 11 hijos y siempre estuvo dispuesta a todo, porque hay quien se va de aquí sin haberse llevado nada por ni siquiera haberlo intentado, pero mi madre no tuvo miedo y llenó sus manos de amor, de trabajo, de generosidad, de amistad, porque era ’generosa de amores, inoxidable de corazón’. Y el 2 de Julio el Santo Cristo se la llevó para que en el Cielo continuara su labor.
Y continuó mi tía Pepita, que ya llevaba colaborando con ella muchos años, y lo hizo de tal manera que, dejando aparte su increíble arte, destacaría su capacidad de trabajo. Siempre me impresionaron las horas que pasaba en la iglesia. Casi nunca venía a comer a casa y allí quedaba trabajando, ordenando, vigilando, enfadándose con nosotras porque algo hicimos mal. No tenía horas suficientes para su Cristo.