última actualización: 15:05
Cuando era pequeña me encantaban las películas de terror. En aquellos años en los que ir al cine suponía largas colas para acceder al local, y la frase ‘para mayores de 18 años’ no era una recomendación sino una prohibición que se cumplía a rajatabla, tuve que utilizar todo mi poder de persuasión para convencer a mi padre para que me acompañara a ver ‘El resplandor’.
Poco a poco y con la edad mis gustos han ido cambiando, y hoy prefiero ver una de intriga o policíaca y dormir después como un lirón. Y eso que también últimamente este género se nutre de asesinos sin conciencia ni remordimientos. Creemos que estas personas sólo existen en la mente de los guionistas y sin embargo hace pocos días el mundo se estremecía con la noticia del secuestro de una mujer durante 24 años a manos de su padre. 24 años de violaciones y tortura encerrada en un sótano. 24 años sin esperanza, sólo dolor. Dolor que no sólo la afectó a ella, también a los hijos nacidos de esas relaciones incestuosas. Si alguien hubiera hecho una película con un guión como éste lo hubiera calificado de absurdo, irreal e imposible... lógicamente alguien hubiera visto algo extraño, alguien hubiera oído los gritos, alguien. No se puede tener a una persona secuestrada 24 años en el sótano de tu casa sin ser descubierto y sin embargo, como siempre, la realidad supera la ficción.