última actualización: 14:29
‘La televisión es un invento maravilloso que con el tiempo se ha ido acanallando’. Es este un dicho cierto, aunque no literalmente; pienso que no es la televisión quien se acanalla a sí misma, porque este invento maravilloso, como otros muchos, no son dueños de sí mismos.
Así pues pienso yo —y creo que también usted—, que son los dueños los que hemos acanallado o en caso contrario desacanallado la televisión, y el cine, e internet y... porque tiene la televisión cantidad de dueños. Es bien verdad que no hay televisión sin televisores y televidentes; también lo es que en cada hogar existe un televisor.
‘El televisor de mi vivienda nunca será un canalla si yo no se lo consiento’. Esta frase la he escrito yo, pero usted la leyó y/o la pensó, de modo que solo una, en principio la pensó pero los otros muchos o pocos ‘unos’ que leyeron hasta aquí ya no es uno solo, cada cual lo entiende tan bien como cada quien. Saben las cadenas de televisión cuántos son los canallas o no canallas que ven los programas de este o aquel tema. Saben si un partido de fútbol lo están siguiendo diez o doce millones de personas; o si la serie del cerdito Catapún y la cochina Cataplaf tiene o no quince millones de mirones.
Todos estamos de acuerdo, lo reconozcamos o no, que si el guión de la película de turno, por ejemplo, ‘exige’ que haya una escena de cama, pongamos por caso, y esa película la ven equis millones de televidentes, yo, si al ver de qué va la cosa apago el aparato o cambio de canal no tendré la responsabilidad de los que no hicieron otro tanto: estos acanallaron; yo y mis compinches desacanallamos. Los lamentos están bien, pero si el único remedio es cortar por lo sano... la cruda realidad es que si ellos nos llenan la casa de caca es porque nosotros se lo estamos suplicando.