UNA RADIOGRAFÍA SOCIAL

La pobreza no crece pero se cronifica

El perfil de las personas que piden ayuda es mayores de 40 años, parados de largo duración y nacidos en Vigo

Los comedores sociales, como el del Berbés, atienden a una media de 200 personas diarias que dependen de ellos para poder alimentarse.
Los comedores sociales, como el del Berbés, atienden a una media de 200 personas diarias que dependen de ellos para poder alimentarse.
La pobreza no crece pero se cronifica

 La pobreza se cronifica en Vigo. Los datos de las instituciones que trabajan con las familias en riesgo de exclusión son claros. En el ultimo año el número de personas que reciben ayudas de estas instituciones se mantiene en cifras muy similares al 2016. Lo que sí han notado es que la situación de pobreza no se reparte de forma uniforme y que “se puede hablar de dos Vigos”, explica Eugenio Gonzalo Davila, máximo responsable de Cáritas. 
La misma opinión la comparte Ricardo Misa, de Vida Digna, que comenta que “nos encontramos con la paradoja de que mientras las terrazas de las cafeterías están llenas, hay familias para las que el más pequeño contratiempo se convierte en un grave problema que no pueden resolver. Es como si hubiera dos ciudades diferentes que conviven en planos que no se tocan entre sí”.
Desde el Banco de Alimentos el panorama que describen es muy similar. “La pobreza se está convirtiendo en un paisaje cotidiano”, asegura Pedro Pereira. Y es que en la institución que preside las cifras no paran de crecer. Así, el año pasado repartieron 2.100.000 kilos de comida, un 25% más que en el 2015. Las previsiones es aumentar aún más esta cantidad, ya que en la actualidad la media de es deis mil kilos diarios que deben llegar a las 150 instituciones a las que apoyan en toda la provincia. Además,a principios de agosto reparten el doble de alimentos que los otros meses para suplir el cierre por vacaciones de algunas instituciones y de uno de los comedores sociales de la ciudad.
En Cáritas el número de personas que atendieron en el 2016 fue de 4.796, una cifra que creen “se mantendrá” en este ejercicio. Donde si han notado variaciones en el tipo de ayuda que solicitan las personas que se acercan hasta ellos, aumentando las destinadas al alquiler. A partir de agosto las solicitudes están destinadas a los gastos derivados de la escolarización de los hijos.  
La radiografía de estos colectivos también ha ido cambiando con el paso de los años. En la actualidad y según aseguran desde todas las instituciones consultadas, el perfil de las personas que acuden hasta ellos son “las de alguien que supera los cuarenta años de edad, que perdió el trabajo y lleva años buscando algo sin éxito y que ya no tiene derecho a ninguna ayuda”, explica Gonzalo Davila. 

El caso venezolano
Además, a este retrato se une el hecho de que “antes había más extranjeros y ahora son la mayoría españoles”. Eso sí, con la excepción de la llegada en los últimos meses “de bastantes personas que proceden de Venezuela y que han llegado aquí prácticamente con lo puesto”, comenta desde su despacho de Cáritas. 
Entre los beneficiarios de estas instituciones hay también un nuevo tipo. El del trabajador que con sus salario no llega ni a mitad de mes. Este género de pobreza, que crece como un hongo en los barrios de Vigo sin apenas dejarse ver en el centro salvo en los carteles de algún mendigo, “es transversal. Afecta a todas las edades y la encontramos tanto en hombres como en mujeres. Hasta nosotros llegan personas desde los 20 a los 70 años pidiendo todo tipo de ayudas”, explica Davila. Para intentar romper el círculo de la pobreza, Cáritas quiere poner el acento en la formación.  

"Hay una línea que separa a los pobres del resto de la sociedad"

  Las situaciones de pobreza “se han cronificado en algunos sectores. En Vigo nos encontramos con situaciones de contraste muy acentuado. Aquellos que perdieron su trabajo son en su mayoría personas que hasta la llegada de la crisis integraban la llamada clase media”, dice Pedro Pereira. Un colectivo acostumbrado a trabajar, a tener sus necesidades cubiertas y depender de ellos mismos. Con el cambio de situación “nos encontramos con gente que no sabe cómo pedir ayuda, con una pobreza vergonzante y un completo desamparo tanto psicológico como emocional”, comenta basándose en su experiencia. Para este hombre que lleva varios años al frente del Banco de Alimentos en Vigo , cuya nave se encuentra en Sárdoma, “es aquí, en estos colectivos, donde hay que forzar la máquina porque se ha creado una línea que separa a los pobres del resto, y hay que intentar evitar lo que parece que va a suceder, que quienes han traspasado esa línea no tengan un camino de retorno”.