MACHO Y HEMBRA COMPARTEN LAS TAREAS DE INCUBAR LOS HUEVOS Y DE ALIMENTAR A LAS CRÍAS

El Parque publica un vídeo de la reproducción de la gaviota

El Parque Nacional marítimo-terrestre Illas Atlánticas acaba de hacer públicos dos nuevos vídeos divulgativos: uno sobre un intento de cópula protagonizado por una pareja de gaviotas patiamarillas, Larus Michaellis, una de las aves emblemáticas de este espacio natural, y otro trabajo sobre el dique del Lago dos Nenos, en el Archipiélago de las Cíes, por tratarse de un ecosistema único en la Península Ibérica. Los vídeos, de gran belleza, fueron filmados por la empresa Wireless Galicia.
En el caso de la gaviota, el vídeo dura 2:13 minutos y se rodó en la Isla de Faro (Cíes) durante el comienzo de la época de reproducción y cría de estas aves. En las imágenes solo se oye el sonido del mar y se ve a un macho subiéndose encima de la hembra.

Las islas son idóneas para la cría de aves marinas por la escasa presencia humana, porque hay recursos marinos abundantes y lugares de cría adecuados, o porque no hay depredadores (excepto el gato asilvestrado y el visón), según explican. El periodo de cría va de abril hasta primeros de agosto y ponen dos o tres huevos, que incuban y alimentan macho y hembra indistintamente. La pareja protege con celo a los pollos y presenta comportamientos agresivos cuando se invade el área de cría.

Actualmente, la gaviota patiamarilla y el cuervo marino del parque nacional forman colonias de importancia internacional por el número de parejas reproductoras. Cíes y Ons fueron declaradas zonas de especial protección para las aves. La gaviota del parque nacional representa el 10% de la población mundial de la especie, con 25.000 parejas reproductoras.

Mide unos 55 centímetros, es sedentaria y permanece todo el año en el parque. Es oportunista, capturan vertebrados e invertebrados marinos, pero también es habitual que sigan a los pesqueros en busca de los descartes de pesca o que vayan a ciudades y pueblos costeros para aprovechar desperdicios, anidando en los tejados y provocando un problema de higiene y ruido. Los autores dicen que esto genera una repulsión por esta ave injusta porque acude ante una mala gestión de los residuos orgánicos o porque les echan comida.

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