EL CAMBIO EN EL LITORAL VIGUÉS

Un hotel de viabilidad cuestionada para el Samil de hoy

José Manuel Barbosa, su antiguo propietario, reconoce que la inseguridad jurídica abocó a este icono de los 70 a su desaparición

El Hotel Samil, en una imagen de los años 70 con Samil aún sin urbanizar.
El Hotel Samil, en una imagen de los años 70 con Samil aún sin urbanizar.
Un hotel de viabilidad cuestionada para el Samil de hoy

El Hotel Samil duerme en el olvido. Sus instalaciones, por las que en su día pasaron desde grandes equipos de fútbol como el Madrid o el Barcelona, cuando venían a jugar a la ciudad, o personalidades del mundo de la cultura, como el arquitecto Álvaro Siza, y que fue testigo de numerosos encuentros, como la entrega de los Premios da Crítica, que ayer se realizaba en otro complejo de la ciudad, son hoy solo una sombra en la que apenas reparan las miles de personas que cada año recibe esta emblemática zona de Vigo.
Cuando se construyó, en la década de 1970, supuso todo un hito en plena época del desarrollismo, cuando el turismo empezaba a asomar tímidamente en Galicia. Su estructura, contrastaba con una playa prácticamente en estado salvaje, sin apenas servicios.
“Su edificio ofrecía muchas ventajas, porque pasaba desapercibido, protegido por un pinar, al contrario que Toralla o los apartamentos de O Vao”. Quien así habla es, quizás, la persona que mejor lo conoce: José Manuel Barbosa, quien fue su propietario desde 1979 hasta 2002. Para este hotelero, hoy retirado aunque todavía vinculado al sector empresarial —es asesor vicepresidente de la Asociación de Comerciantes de Redondela y asesor de la Asociación de Empresarios de Hospedaje de Pontevedra-Asehospo—, la clave de su declive fue la inseguridad jurídica que provocaba el régimen de concesión de sus terrenos y los sucesivos cambios de Gobierno en el municipio. “No se hicieron más inversiones porque no estaba segura la renovación. Lo mismo le pasó a sus nuevos dueños”, dijo, en referencia a la cadena LGH, su último propietario. Esto derivó, según explicó, en que la calidad decayese, con ella los precios y, a menores ingresos, menores posibilidades de poder invertir para mejorarlo. “Fue una pescadilla que se mordió la cola”.
Para Manuel Barbosa, otra clave que marcó el principio del fin fue el proyecto frustrado de trasladar al complejo vigués el Casino de La Toja, con cuyo emblemático hotel comparó la trayectoria del de Samil. “Este es un hotel de playa, pero no al mismo nivel que Marbella o Canarias. Tener un sitio privilegiado no es garantía de éxito futuro, la rentabilidad pasa por otros factores, como la calidad”.
Barbosa señala que, actualmente, Samil “no es una opción muy apetitosa, porque Vigo no carece de hoteles de calidad y como hotel convencional no funcionaría”. Pese a todo, guarda los mejores recuerdos de aquella etapa que duró más de 20 años. “Samil ha hecho de mí un adicto hotelero”, concluyó.
César Sánchez Ballesteros, presidente de Asehospo y Feprohos (Federación de hostelería de Pontevedra) coincide con Barbosa en que Vigo cuenta ya con una oferta hotelera de calidad, por lo que duda de la viabilidad que tendría emplazar un nuevo hotel en Samil si se mantienen las mismas condiciones que hasta ahora. “En régimen de concesión sería muy difícil de rentabilizar”, indicó. Aún así, reconoció que por su ubicación “es un buen enclave para un hotel moderno que aproveche el entorno y dé servicios interesantes para la ciudad”.
No obstante, asegura que el sector aún no ha salido de la crisis. “Hay un exceso de oferta, los precios aún no se han recuperado y la ocupación, salvo los meses de verano, no llega al 33% el resto del año”.
La propuesta del Concello pasa precisamente por la venta de los terrenos y la demolición del actual complejo, hoy en total estado de abandono, para la construcción de un nuevo hotel. El presidente de la delegación del Colegio de Arquitectos de Vigo, Antonio Davila, señaló que este órgano no había sido requerido para emitir ningún informe sobre el inmueble. Por ello, dijo que solo puede hablar a título personal, y su opinión es que el edificio no cuenta con ningún interés arquitectónico. “Es uno de los muchos ejemplos que hay por toda España de 'arquitectura internacional', típica de su época, con un estilo volumétrico en el que no se tenía en cuenta el impacto con respecto al entorno para realizar el diseño”.
Habrá que esperar, pues, a que se presente algún proyecto, aunque no son pocas las voces que abogan por devolver Samil al estado que tuvo hasta los años 60.