VIGO

El señor de las palomas

Enrique García es un policía local experto en la cría y adiestramiento de palomas mensajeras para competir, logrando en los últimos años numerosos premios en campeonatos provinciales, autonómicos y nacionales

Enrique muestra uno de los diplomas obtenidos en uno de los campeonatos de gran fondo.
Enrique muestra uno de los diplomas obtenidos en uno de los campeonatos de gran fondo.
El señor de las palomas

 En la parroquia de Candeán vive Enrique García, un policía local que tiene una llamativa afición: la colombofilia, esto es, la cría y entrenamiento de palomas mensajeras para competición. “Empecé en el año 90 y al poco tiempo lo tuve que dejar. Desde hace diez años volví a este deporte”, comenta. Propietario de un palomar en su propio hogar, tiene cerca de 160 ejemplares, sin nombre, pero identificadas y federadas. 

En el último año, este policía local y sus palomas compitieron en en 15 pruebas del circuito nacional, con campeonatos de velocidad, fondo y gran fondo según la distancia a recorrer. “Una de las palomas consiguió ser la tercera de Galicia en las pruebas de 2018”, asegura el vecino de Candeán. La campaña de sueltas comenzó en marzo en Puebla de Sanabria y finalizó en julio en la localidad gerundense de Lloret de Mar, “donde este mismo ejemplar quedó de noveno”. 
Las palomas mensajeras son capaces de realizar en un solo día vuelos de cientos de kilómetros, como en el caso de la prueba de Lloret de Mar, en la que las palomas de Enrique sobrevolaron 953 kilómetros, distancia que existe en línea recta hasta su casa. “Para que sean capaces de realizar estos vuelos necesitan entrenamiento”, explica. 
“En enero empiezo a entrenarlas para que estén listas para las primeras sueltas. Salen una vez al día en lo que se conoce como 'vuelo forzado'. Durante más o menos una hora vuelan para acostumbrarse a las largas distancias y retornan al palomar”, comenta el guardia, quien le dedica entre una y tres horas diarias al entrenamiento y cuidado de su bandada durante la temporada alta de competiciones. “Si quieres lograr unos objetivos, tienes que dedicarle tiempo”, asegura. 
Enrique y sus palomas cuentan con un palmarés envidiable: fueron campeones provinciales en fondo y segundos de Galicia en 2016, alcanzaron la tercera y quinta posición en la categoría de maratón provincial de 2017; y en 2012 uno de sus ejemplares fue sexto en gran fondo a nivel nacional

Ejercicio y disciplina
Este colombófilo tiene un lema que aplica para adiestrar a sus palomas mensajeras: “Ejercicio y disciplina”. A través de la alimentación consigue que los ejemplares sean capaces de cumplir los objetivos que se requieren para la competición. “Se les dan entre 20 y 30 gramos de comida. En la temporada fuera de competición comen todo lo que quieren, pero en campaña siempre salen del palomar con hambre. Si una paloma está saciada, es más probable que pierda el tiempo fuera del palomar. Es un continuo trabajo de disciplina por parte de las aves y un ensayo y error por mi parte”, reconoce. 
Desde que son crías, el agente trabaja para que los ejemplares vuelvan al palomar en un proceso similar al que se utiliza para la cetrería, buscando la mejor técnica que favorezca su retorno, como realizar las sueltas a plena luz “porque cuando hay penumbra les cuesta más orientarse y encontrar el rumbo, dando más vueltas”. 
En cuanto al gran sentido de orientación que tienen estos animales, no existe un consenso. “Hay muchas teorías: que se orientan por el magnetismo, el olfato, las carreteras, los ríos o la luz solar. No sé a qué se debe, pero mis palomas son capaces de volver a casa”, afirma. El pasado domingo, varios de sus ejemplares participaban en una suelta con motivo del acto celebrado en Vigo por el Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico. “Tras salir de la jaula, todos las palomas ya cogieron rumbo y llegaron enseguida al palomar”, recuerda Enrique García.
La colombofilia y uso de palomas mensajeras tienen cada vez menos presencia. “Antes se utilizaban incluso en las Fuerzas Armadas, pero hace tres años que lo dejaron. Hoy en día tampoco tiene sentido utilizarlas como forma de comunicación. A nivel deportivo sí puede ser interesante, pero cada vez somos menos”, explica el agente. En las ciudades ya no hay palomares, existiendo solamente en zonas rurales y periurbanas. Aún así, Enrique echa cuentas y señala que en Lloret de Mar se soltaron más de 200 ejemplares y en Valencia, cerca de 700 palomas mensajeras. 
En total, 18 ejemplares de su palomar participaron en la prueba valenciana. “Nueve entraron en control. Otras cinco lo hicieron fuera de control y el resto se perdieron”, recuerda. Este tipo de pérdidas de ejemplares es una constante en esta disciplina deportiva, ya sea por culpa de depredadores como los halcones y gavilanes, o la desorientación. “Al final, cuando te dedicas a este deporte, la pérdida de palomas mensajeras es un asunto al que te tienes que acostumbrar. No queda otra”, afirma el policía local y colombófilo. n