VIGO

La decadencia de las palmeras

Un trabajo, "Morriña de Cuba", analiza el impacto del picudo rojo, cada vez más visible en Vigo, donde proliferan los "tótems", restos del árbol consumido por el insecto parásito

Las palmeras de Castrelos muestran la evolución de la afección. En Areal se alza este gran ejemplar, que hace tiempo que no luce follaje. La centenaria palmera canaria de Villa Pilar, infestada.
Las palmeras de Castrelos muestran la evolución de la afección. En Areal se alza este gran ejemplar, que hace tiempo que no luce follaje. La centenaria palmera canaria de Villa Pilar, infestada.
La decadencia de las palmeras

Todo comenzaba a primeros de 2014, cuando se oficializaba lo que ya era un hecho patente: el coleóptero Picudo Rojo había llegado a Galicia, concretamente a Gondomar. Aunque prácticamente desconocido hasta entonces, el insecto que devora las palmeras habita la península ibérica aproximadamente desde 1993, considerado una plaga en el levante español, donde se le combate duramente en simbólicos lugares como el Palmeral de Elche. Ahora la batalla se da en Vigo. De momento, perdiéndola, explica Jorge Barrecheguren,  historiador, archivero y autor de la iniciativa "Morriña de Cuba, Proyecto Palmera". Recuerda que en enero de 2014 se debatió en el pleno del Concello de Vigo una iniciativa para la contención de la plaga, rechazada al entender el gobierno local que no existía el problema y que no había motivo para colaborar con la Consellería Medio Rural, aseverando que el personal de su ramo estaba preparado para la prevención si era necesaria.
"Los hechos hablan por sí solos, han muerto palmeras canarias centenarias o de gran antigüedad a lo largo y ancho del municipio, muchas de ellas catalogadas como singulares". Señala, entre otras, ejemplares en lugares públicos como el cementerio de Pereiró, Hotel Universal, Eijo Garay o Pazo de Castrelos talados en su mayoría. Otras como las de Villa Solita, Villa Pilar o los Jardines de las Avenidas parece que irremediablemente seguirán el mismo camino. "Quizá en los próximos años tengamos que explicar a los vigueses por qué la Plaza de las Palmeras lleva ese nombre", ironiza.
Más reciente es el perfil de los “tótems” que proliferan en la ciudad una vez la palmera muere y pierde todo su follaje. Son, sin embargo, peligrosos "pues el difícilmente detectable picudo rojo se alimenta del tejido de la palmera, horadando el tronco y volviéndola más proclive a la caída", explica. El intenso calor veraniego o un vendaval pueden agravar  el problema provocando el colapso del ejemplar. "Ya pasó en Valencia", indica Barrecheguren. Por dicho motivo se retiraban a finales del año pasado quince ejemplares de gran envergadura en la plaza de Eugenio Fadrique, dado el peligro de desplome en una zona concurrida. "Esperemos que no tengamos que lamentar una caída", añade.n