VERANO

364 días aún para otra subida al Monte

A Guarda vivió una de las jornadas festivas con más tradición como es  la romería que todos los años se celebra en la cima de Santa Trega. La música y las buenas viandas fueron las protagonistas

La fiesta llenó de colores abigarrados las laderas de Santa Trega que vibraron con el retumbar de los tambores desde primera hora de la mañana hasta el anochecer.
La fiesta llenó de colores abigarrados las laderas de Santa Trega que vibraron con el retumbar de los tambores desde primera hora de la mañana hasta el anochecer.
364 días aún para otra subida al Monte

nnn Un año más A Guarda cumplió con la tradicional romería del Domingo do Monte, al subir miles de romeros a la cima del Santa Trega, aunque fueron también muchos lo que decidieron protegerse del sol ocupando la ladera del monte, donde el arbolado se muestra más generoso. 
Aunque los bombos sonaron ya desde muy temprano, fue sobre todo a partir de las 11.30 horas cuando una serpiente multicolor ascendió, por la carretera o por los atajos, hasta coronar los 341 metros del Pico de San Francisco.
El día espléndido ayudó a esta cita en la que las viandas, el vino y la troulada pueden convivir. 
La Banda Negra abrió la Xura, ese ritual en el que los miembros de cada banda, elevados sobre algún pedestal, natural o propio de las construcciones del Santa Trega, alzan los garrafones para beber “casi” a destajo mientras los bombos y cajas resuenan atronando el entorno. 
Es el compromiso de que “o próximo ano volveremos a subir coa nosa banda”, además de la citada, Mau Mau, Roxa, Os Perdidos, Ceu Escuro, A Troulada, Os Despistados, A Desfeita, A Chacadoira, Os da Corea, Os do Rancho, A Carallada, A Foliada, A Beira do Río, Ribadela, Os da Alba, O Pé do Trega, Nova Semente, A Fervenza Tinta, Do Outro lado do Monte e O Amparo do Monte. Unos "xurarán" sobre las aras del púlpito; otros en distintos lugares del entorno de la ermita; y en el palco, al comienzo de las escaleras que suben al Facho, en el entorno del Museo, en el Mirador de Miguel Ángel, en la Plaza de Ordóñez, así hasta 21 lugares, tantos como bandas.
Las camisas se tiñen de tinto, y el polvo se pega al vino. Y en las caras se dibujan imágenes abstractas que el movimiento pinta al rodar el vino buscando la tierra que lo alimentó.
El pico de San Francisco, oteado desde el Facho, es un hervidero multicolor. Y hervidero multicolor es el pico de O Facho, visto desde el San Francisco.
Quienes buscan más intimidad, se reúnen en grupos familiares o de amigos, bajo la sombra de pinos y eucaliptos danzando al son de la gaita, un tambor, un bombo y algunas panderetas.
Pero antes de rendirse a la troula, los manteles cubrieron los suelos y sobre ellos se colocaron salpicones, empanadas, tortillas, mariscos, vinos; la más variada cocina se iba adueñar, por momentos de los paladares.
Y poco antes de que el mar reclame el tributo del solpor, los romeros descienden al Montiño, que también es acogedor, y se da cuenta de lo que aún queda del xantar, sin que la troula se detenga y sin lugar para el silencio. 
Ya lo habrá a partir de mañana, hasta contar otros 364 días que faltan hasta un nuevo Domingo do Monte. n