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Trump se topa con la difícil realidad de gobernar EEUU

El inquilino de la Casa Blanca necesita lidiar con el Congreso y con un estricto sistema judicial

Trump, durante un discurso en el American Center de Detroit.
Trump, durante un discurso en el American Center de Detroit.
Trump se topa con la difícil realidad de gobernar EEUU

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lleva casi dos meses en el cargo, el tiempo suficiente para toparse con la compleja realidad de gobernar un país donde el inquilino de la Casa Blanca necesita lidiar con el Congreso y enfrentarse al sistema judicial.
Desde que tomara posesión el pasado 20 de enero, Trump ha gobernado a base de órdenes ejecutivas, cerca de una veintena de acciones con las que ha hecho uso de su poder presidencial, pero algunas de las más controvertidas han tropezado con los tribunales.
Para cumplir, o al menos comenzar a hacerlo, algunas de sus promesas de campaña el magnate ha echado mano de dichas medidas, como la que rubricó a los pocos días de comenzar su presidencia para ordenar la "construcción inmediata" de un muro en la frontera sur con México, aunque de facto empezar las obras de la muralla no sea tan sencillo. El pasado 16 de marzo debía entrar en efecto su segunda prohibición de entrada a los nacionales de seis países de mayoría musulmana durante 90 días, y a cualquier refugiado por 120, pero dos jueces federales bloquearon su orden a nivel nacional, pese a haber sido modificada tras un primer bloqueo.

“comprobar y equilibrar"
Se trata de lo que en Estados Unidos se llama "check and balance", o comprobar y equilibrar, la esencia y la fortaleza de la división de poderes para que ninguno de ellos abuse del que le ha sido conferido.
Así, por segunda vez en apenas dos meses, Trump ha visto cómo el sistema judicial ha frenado su intento de prohibir la entrada a los ciudadanos de ciertos países que en su mayoría practican el Islam.

la ley sanitaria
Cortes y jueces no son el único de los obstáculos que está encontrando el magnate para ejecutar su ambiciosa agenda. Aunque Trump llegó a la Casa Blanca con un Congreso completamente en manos de su partido, no le será tan fácil negociar con los legisladores, como está demostrando la disidencia generada entre los conservadores alrededor del plan que hay sobre la mesa para derogar y reemplazar la ley sanitaria impulsada por el expresidente Barack Obama.
Acabar con el Obamacare, que a juicio de los conservadores es "una pesadilla", "un desastre", fue también una de las promesas del magnate durante su campaña electoral. Desde que hace dos semanas el liderazgo republicano en la Cámara de Representantes presentara dos proyectos legislativos para eliminar y reemplazar la ley sanitaria de Obama, las discusiones internas entre la propia bancada conservadora han resonado en los pasillos del Capitolio. tanto, que los ultraconservadores por un lado, y los más moderados por el otro, no quieren ni oír hablar de la propuesta. 
La ley que propone el liderazgo republicano y que es apoyada por la Casa Blanca de Trump pretende mantener algunos de los elementos de Obamacare, como el asunto de las enfermedades preexistentes, pero quiere acabar con la expansión del programa para los más pobres, a lo que se oponen los conservadores más moderados.
Así, el primer caballo de batalla que enfrenta el magnate en el Congreso, y que no puede dirimir a golpe de orden ejecutiva, demuestra las dificultades que se encontrará en su camino pese a contar al menos con dos años de un Legislativo favorable.
La división interna entre los republicanos, a la que se suma la oposición demócrata, y el irreductible respeto de las instancias judiciales y sociales por la Constitución estadounidense no le pondrán las cosas tan fáciles al nuevo presidente norteamericano.n