“Siempre ha soñado con ir a los Juegos Olímpicos”

La familia de Nico Rodríguez cuenta cómo el regatista vigués ha llegado al máximo nivel

Miki y Nico Rodríguez, acompañados por su perra Lola con el bronce del Europeo de 2018 colgado del cuello.
Miki y Nico Rodríguez, acompañados por su perra Lola con el bronce del Europeo de 2018 colgado del cuello.
“Siempre ha soñado con ir a los Juegos Olímpicos”

Siempre orientado hacia la práctica del deporte y con el corazón dividido entre el fútbol y la vela, el joven regatista Nico Rodríguez (Vigo, 1991) es una de las grandes esperanzas de la vela española y su ascendente trayectoria lo confirma: cerró 2018 siendo bronce en el Mundial y en el Europeo en la clase 470, mientras que la semana pasada consiguió el oro en la Copa del Mundo de Miami. Acompañado por Jordi Xammar, ambos ya consiguieron la clasificación de España en la clase 470 para los Juegos Olímpicos de Tokio, a falta de confirmarse su asistencia por parte de la Federación Española de Vela. "Estoy seguro al 99,9% de que Nico va a estar en Tokio", asegura Miki Rodríguez, hermano del regatista. La madre del deportista, María García-Paz, también considera que es "difícil" que alguien le quite la plaza a Nico: "Siempre ha soñado con ir a los Juegos Olímpicos. Por su trayectoria estoy segura que él y Jordi van a conseguirlo".
El joven vigués empezó en la clase Optimist "con 8 o 9 años y un año lo dejó para centrarse en el fútbol", cuenta su hermano. Nico no quería perderse la oportunidad de compartir vestuario con Thiago Alcántara en Los Sauces, con quien coincidió en el equipo. "Lo compaginó como pudo. Era un niño y estaba muy emocionado con poder jugar con el hijo de Mazinho. Después de un año volvió para centrarse en la vela", recuerda Miki. Su pasión por este deporte le viene de familia: su abuelo fue marinero y su padre tenía un barco. Nico, a pesar de su corta edad, demostró siempre tener un gran aplomo y capacidad para dedicarle tiempo a los entrenamientos, lo que le trajo grandes resultados. 
"A los 9 o 10 años fue cuando empezó a competir y fue avanzando en las distintas clases. Pasó de Optimist a 420, luego a 49er y por último a 470, la clase olímpica y en la que está ahora mismo", explica. En sus inicios, Miki señala que su hermano pequeño "tuvo un susto muy grande y pasó un tiempo sin coger el barco". Ese fue el único momento de debilidad del regatista vigués, capaz de reponerse a las adversidades y seguir luchando por hacerse un nombre en este deporte. "Ha sido capaz de compaginar los estudios con la vela a la perfección. Desde el primer momento le hicimos saber que si no sacaba buenas notas no podría entrenar, pero nunca ha dado ni un solo problema", reconoce su madre.
En su entorno familiar califican a Nico como un joven "sociable, profesional y trabajador". Miki cuenta que su hermano siempre ha puesto la vela "por delante de otras cosas", algo que también confirma María: "Cuando era adolescente veía como sus amigos salían de fiesta, pero él sabía que tenía que madrugar al día siguiente para irse a entrenar y siempre se sacrificó por el deporte".
Durante su etapa universitaria, cuando estudió Odontología en Santiago de Compostela, Nico siguió entrenando a diario. "Por las mañanas iba clase, comía en el tren y llegaba a Vilagarcía para entrenar. Por las noches volvía a Santiago y así cada día de la semana", indica María. Esa capacidad de trabajo y sacrificio ha sido una constante en la vida de Nico, aseguran: "Desde niño siempre ha sido trabajador y muy metódico. Con la llegada de los buenos resultados, fue una motivación mayor para seguir creciendo y parece que no se pone nervioso. Es un chico increíble". En esta época, la familia de Nico apunta que el joven estuvo a punto de abandonar la vela por falta de proyectos. "Se llegó a ir a Canarias con Nahuel y guarda un gran recuerdo de todos sus compañeros, pero al final siempre llegó un punto en el que no podían seguirle el ritmo y es un deporte muy caro", dice su madre. "Recuerdo una conversación muy triste que tuvimos. Estaba muy desanimado y quería centrarse en su carrera profesional. Le dije que antes de rendirse tomase aire y que se tomase su tiempo, pero que no abandonase la vela porque era lo que de verdad le gustaba", reconoce Miki.
La llamada de Jordi Xammar en 2016 fue un punto de inflexión para la vida del regatista vigués y sus familiares. "Fue uno de los mejores momentos que recuerdo. Ahora tiene la posibilidad real de llegar a unos Juegos Olímpicos y es un orgullo", señala María. Tras su victoria la pasada semana en Miami "con gran solvencia, llegando líderes a la Medal Race y sentenciando el oro", la familia de Nico cuenta que lo ve muy animado y "con ganas de seguir trabajando y empujando". "Sabe que este año es decisivo y tiene que seguir avanzando para que sea él quien vaya a Tokio, pero estoy convencido. Es el mejor y con Jordi va a conseguir traerse el oro", indica Miki. n