CELTA

La memoria, una traba más

El Celta ya intentó sin éxito hace cuatro décadas hacer una ciudad deportiva en Tameiga, donde ahora repite

El proyecto de ciudad deportiva del Celta en Mos fue presentado por el club y el Concello el pasado 16 de diciembre.
El proyecto de ciudad deportiva del Celta en Mos fue presentado por el club y el Concello el pasado 16 de diciembre.
La memoria, una traba más

El Celta sigue sin dar el paso de volver a acercarse a la Comunidad de Montes de Tameiga en Mos para retomar su proyecto de ciudad deportiva, que en un tanto por ciento muy elevado del suelo requerido depende de la decisión última de esta asociación de comuneros. Con el acuerdo alcanzado con la Comunidad de Montes de Pereiras –alquiler a 30 años de unos 140.000 metros cuadrados con pago pactado para una esperada expropiación futura–, el club tiene bastante para iniciar su plan y confía en poder hacerlo el próximo verano para que sus dos primeros equipos trabajen en las nuevas intalaciones a finales de este año o a comienzos del próximo.
Con todo, sigue sin concretarse el suelo para el resto del ambicioso proyecto, incluyendo un campo para los partidos del filial o un centro comercial, entre otras instalaciones. Y para llegar a la consecución de los terrenos, pese a contar con el apoyo explícito del Concello de Mos y de la Xunta de Galicia, deberá superar no pocos obstáculos. Uno de ellos, la memoria.
Porque parte de la vecindad de Tameiga, en concreto, y de Mos, en general, todavía tiene en la retina imágenes de lo sucedido hace casi cuatro décadas cuando se intentó llevar adelante un proyecto urbanístico en prácticamente la misma zona que ahora el Celta anhela y que incluía, entre otras actuaciones, unos campos que pasarían a ser la mucha más modestada ciudad deportiva de un club por entonces mucho más endeble. Sin que exista paralelismo directo entre una situación y otra, entre otras razones porque aquella actuación registraba más intereses que el céltico –se hablaba de un circuito y de un hotel– y por la legislación que ahora rige y que entonces regía, aquel intento provocó una contestación social de primer orden y un vuelco en la Comunidad de Montes.
"Fue un tema duro, que duró mucho tiempo –finales de los años 70 y principios de los 80– y que provocó división en el pueblo", rememora Manolo Puxeiros, ex concejal mosense y presidente de los comuneros durante dos décadas. "Provocó una revolución en la comunidad de montes que hizo que llegásemos nosotros a ser elegidos. Había inversores detrás no muy claros y, dentro del proyecto, el Celta tenía intención de hacer su ciudad deportiva", narra.
Puxeiros aún recuerda las protestas vecinales en las calles. "Tuvo que intervenir la Guardia Civil. No fue una situación fácil. Provocó división incluso entre las familias, con hermanos que dejaron de hablarse", comenta. Reconoce el ex dirigente de los comuneros que "la extensión de terreno era menor que la que ahora desea el Celta".
Su postura, al respecto, no ha variado de un proyecto a otro: "No estamos legitimados para vender el monte. Igual que nuestros abuelos y nuestros padres nos lo dejaron a nosotros, nosotros se lo tenemos que dejar a nuestros hijos y nuestros nietos". En cualquier caso, asume que "se hará lo que los vecinos quieran".
En la actual comunidad de montes, aquel precedente sigue vivo. Abiertos a negociar con el Celta una permuta, sostienen que lo sucedido hace 40 años da cuenta de la intensa vida vecinal de la parroquia y, coligen, es una muestra de lo difícil que sería una expropiación.n