CELTA

Mouriño liga su continuidad en el Celta a la compra de Balaídos y Caballero la descarta

"El estadio de Balaídos seguirá siendo público", aseguró el alcalde después de que el presidente propusiese                                          que el club asumiera el coste de la reforma

Pedro Posada, Ricardo Barros, Carlos Mouriño y Antonio Rosendo, ayer, en Balaídos, donde el presidente céltico realizó su propuesta. // JV Landín
Pedro Posada, Ricardo Barros, Carlos Mouriño y Antonio Rosendo, ayer, en Balaídos, donde el presidente céltico realizó su propuesta. // JV Landín
Mouriño liga su continuidad en el Celta a la compra de Balaídos y Caballero la descarta

Carlos Mouriño rompió ayer su silencio, después de semanas de incertidumbre en el celtismo por la apertura del proceso de venta del club, para realizar una propuesta a la ciudad: él (o algún miembro de su familia) seguirá al frente de la entidad al menos durante diez años si el Concello le vende el estadio de Balaídos al Celta. La respuesta no se hizo esperar y, apenas dos horas después, el alcalde rechazó de pleno tal posibilidad. "El estadio de Balaídos es y seguirá siendo público", aseguró Abel Caballero.
El presidente y máximo accionista del Celta defendió ayer, en una rueda de prensa celebrada en el Museo del club, su derecho a vender su paquete accionarial –que por primera vez cifró en un 65% del capital social en lugar del 52% que reflejan las cuentas del club– y aseguró que su adiós se debe a la falta de "motivación" para seguir al frente de un proyecto en cuyo horizonte se dibujan muhas "dudas". "Llevo mucho tiempo advirtiendo que hay grandes diferencias de ingresos con respecto a otros clubes. Cuando esos equipos paguen su deuda con Hacienda, como hicimos nosotros, estaremos en una posición de desigualdad. Sé que, a pesar de todas las críticas que recibo, el celtismo y la ciudad están contentos de cómo está el Celta. Pero estamos en una nube que se va cargando de agua y cuando se convierta en un torrente, va a arrastrarnos a todos. Trabajo por proyectos, con visión de futuro, y el futuro del Celta lo veo endeble como no le demos la capacidad económica necesaria", explicó. "Si me dicen si recomendaría a mis hijos que presidan el Celta, diría que sí. Una etapa de transición, cuatro o cinco años. Pero si me dicen si prepararía a uno de mis nueve nietos para ello, diría que no. No le veo futuro a largo plazo. Tenemos un corto plazo espléndido y un largo plazo lleno de dudas y nubarrones, con escasas posibilidades de salir con las estructuras que tenemos en estos momentos", añadió Mouriño.
El presidente considera que el Celta necesita generar nuevos ingresos para seguir siendo competitivo, un objetivo factible con la explotación de los bajos comerciales de Balaídos. La decisión, indicó el empresario vigués, corresponde a la ciudad: "Le hemos dado una gran solidez al club, pero con esta estructura no le podemos dar magnitud. O se la damos conjuntamente con la ciudad o se la tendrán que dar otros. Será la ciudad la que tenga que decidir qué queremos hacer con el Celta. La responsabilidad del Celta no es de este presidente, porque si es así que nadie me exija entonces que hable de celtismo y sentimientos. Hemos presentado tres o cuatro proyectos para darle magnitud y solidez económica al club y no se han aceptado. Termino con otra propuesta, la cual me libera totalmente de responsabilidad si no se acepta. No es un pulso, sólo digo que el proyecto continúa o no continúa y ese compromiso se tiene que hacer con la ciudadanía de Vigo y con los celtistas, con nadie más. Pido a los partidos políticos que al menos lo estudien. Si quieren una continuidad a largo plazo del Celta, el Celta se compromete a comprar el estadio de Balaídos. Que le vendan el estadio de Balaídos, con las mismas condiciones que le han dado al Real Madrid, al Sevilla o al Valencia, y yo asumo la misma responsabilidad. Nos quedamos en el Celta y hacemos un plan a largo plazo. Toda la obra que están haciendo no le costaría ni un euro a la ciudad. La pagaría el Celta en un plazo de diez años. Que el compromiso sea de todos, nada más de una persona. O lo hacemos conjuntamente o me voy con la conciencia tranquila", propuso.
Mouriño profundizó en su propuesta, que incluye dejar sus acciones como garantía durante una década, lo que significa que no podría venderlas. Eso sí, no quiso desvelar la cantidad hasta la que el Celta podría llegar para hacerse con el estadio, más allá de asumir el coste de la remodelación: "Pagamos la obra en diez años, pero me tienen que dejar explotar las zonas comerciales, que siempre estarían a nombre del Celta. Y durante esos diez años, dejaría las acciones del grupo GES como garantía. Si no se paga, ahí tendrán la oportunidad de que el Celta sea de la ciudad, de todos. El único que corre riesgos aquí soy yo. Los demás ven cómo el presidente resuelve los problemas", señaló el presidente, visiblemente molesto por las críticas que ha recibido en las últimas semanas.
Pero la propuesta del máximo accionista celeste no tardó en ser derrumbada por el alcalde, que apenas dos horas después rechazó la posibilidad de que el estadio pasase a manos privadas. "Nuestro proyecto de Balaídos continúa adelante y lo llevamos con entusiasmo e ilusión porque queremos que Vigo tenga un campo de fútbol público y de nivel europeo", indicó Abel Caballero. "El Celta es un gran patrimonio de esta ciudad. Todos sentimos que el Celta es de Vigo y una parte importante de Galicia también siente que el Celta también es de ellos. A partir de ahí, el estadio de Balaídos es patrimonio histórico de la ciudad. Lleva ahí tres cuartos de siglo y, por tanto, forma parte del alma de la ciudad y estamos encantados de que sea así. Lo que estamos haciendo es prácticamente un campo nuevo para que la ciudad esté orgullosa de su campo de fútbol, igual que está orgullosa de su equipo. Y siempre seguirá siendo un patrimonio de la ciudad el campo de Balaídos. Desde luego, no contemplamos en absoluto su privatización. Eso sí, el Celta lo tiene a su disposición, es para eso. Balaídos y el Celta son dos nombres que están juntos, no se pueden separar", añadió.
Caballero mostró su predisposición para tratar con Mouriño y su directiva otro tipo de proyectos. "Mientras sea alcalde, el Celta va a tener siempre la cooperación de esta ciudad. Hay que cumplir normativas y leyes, dentro de eso tendrán nuestra colaboración. En la ciudad deportiva y en lo que quieran. Cuando la directiva del Celta tenga un proyecto que enseñarme, lo conoceré encantado", dijo, antes de concluir insistiendo en que el campo no se venderá: "El estadio de Balaídos es un estadio público y seguirá siendo público. No contemplo en absoluto su privatización".
La respuesta del Concello supone, por tanto, el más que probable adiós de un Mouriño que ayer se reconoció falto de ilusión. "Considero la salida porque no tengo la ilusión que tuve, para mí eso es importantísimo. Que la puedo recuperar si hay un proyecto de ciudad, sí, pero no tengo problema en admitir que no tengo la ilusión que tenía. No considero que pueda pelear por el Celta como hasta ahora porque no tengo esa motivación. Conseguimos que hiciesen la remodelación del campo, conseguí la sede. A partir de ahí, ¿cuál es mi objetivo? Cruzarme de brazos y esperar semana a semana. Lo siento, no va conmigo. Conmigo va meterme en problemas, hacer una ciudad deportiva que iba a costar 20 o 30 millones, la parte empresarial, que es la parte que le dio éxito al Celta. Lo que me motiva es dejar un club grande, asentado, con futuro, un club que no tenga que mirar para las demás ciudades y decir por qué ellas están así y nosotras de otra forma", afirmó el presidente, que presentó su propuesta en público antes de hablar con el alcalde "por respeto a la afición".
Por último, Mouriño se mostró abierto a recibir otro tipo de propuestas que conviertan al Celta en un club con futuro: "No continúo con un proyecto en el que no creo. O lo llevo adelante con mi creencia, o no lo llevo. Pero puede haber vigueses con otras propuestas. Que nos las hagan ver, pero hasta ahora no ha habido ninguna. Sólo nos han dicho que no vendamos porque no les gustan los chinos", concluyó el presidente, que defendió su derecho a hacer negocio como empresario: "No esperaba que el Celta pudiese tener este valor, pero no renunciaremos a él".n
Carlos Mouriño aseguró que el objetivo fundamental de su comparecencia era proponer la compra del estadio de Balaídos, pero aprovechó la ocasión para exponer su versión sobre el proceso de venta del club y defenderse de las críticas que ha recibido.
"Han sido días difíciles y complicados, pero mientras yo sea presidente las decisiones las seguiremos tomando nosotros. No voy a permitir que la grada, los medios o la presión política y social influyan en mis decisiones. Son mis decisiones, es mi responsabilidad y la asumo como tal", indicó Mouriño, muy crítico con la portavoz municipal del Partido Popular, Elena Muñoz, a la que acusó de haberse mantenido en silencio cuando la anterior directiva dejó al club "en bancarrota" o en procesos de venta como el de Caixanova. "Se han caído muchas caretas", dijo Mouriño, agradecido con los miembros de su junta directiva y con parte de la afición, la que no le ha criticado.
Sobre el proceso de venta, Mouriño aseguró que representantes del grupo chino interesado en comprar el club –"no sé de qué grupo se trata", dice, aunque niega que sea CITS– estuvieron en su casa, aunque niega que las negociaciones estén avanzadas y desveló que este mismo lunes recibió otra propuesta de Qatar. "Las negociaciones están como hace mes y medio. Ayer recibimos otra oferta más, de Qatar, y me decían que si iba a vender el club, no lo hiciera porque venían ellos. Pero fuera de eso, está como estaba. A los que preguntaron por el club, les dijimos que hagan una propuesta; si la vemos aceptable, que depositen en el banco dinero capaz de aguantar esa propuesta y, a partir de ahí, empezaremos a hablar. Pero no sólo de la parte económica, sino también del proyecto que tienen", explicó, antes de desvelar que los emisarios del grupo chino que estuvieron en Vigo, visitando A Madroa y la sede de Praza de España, comieron en su casa. "No sé cómo se llaman, pero soy tremendamente correcto y puedo decir que unos señores que no sé a quién representan se sentaron conmigo en mi casa a comer. Yo los invité. Pero ese mismo día tenía en casa a trece personas de distintos países. Vinieron a conocer las instalaciones, quisieron conocerme y estuvimos juntos en una comida. Pero la conversación fue sobre lo bonito que es Vigo y lo que le gustaron las Cíes, no hablamos del fondo porque ni yo llevo directamente las negociaciones ni el que vino las lleva tampoco", indicó Carlos Mouriño, que admitió que una empresa auditora les ha pedido documentación para el grupo asiático interesado en el club.
Por otro lado, el dirigente explicó que ningún grupo formado por capital de Vigo o Galicia se ha dirigido al club y rechazó valorar si aceptaría una eventual propuesta por el dinero que ha invertido en el Celta. Sobre las críticas que ha recibido, aseguró que "me podrán decir lo que quieran, de hecho ya lo han hecho, ya pagué mi coste social. Por tanto, lo más fácil es firmar un papelito, agarrar el dinero y desaparecer. Me podrán repetir que he sido un traidor, que los he engañado, que pasé de héroe a villano, pero ya no me van a decir nada nuevo", dijo, antes de asegurar que su prioridad es el Celta: "Me preocupa lo mejor para el Celta y por eso voy a pelear. Y si lo que creo que es mejor es darle una solidez económica por un futuro que no veo despejado y eso implica la venta, lo venderé. Mi conciencia está tranquilísima porque yo trabajo para el futuro. Los que trabajan para la inmediatez no están en mi equipo", remachó.n