BALONMANO

Calle balonmano, puerta Porriño

Dos pisos de la localidad del Louro viven de forma intensa el balonmano porque están ocupados por jugadoras

Dos Santos, Natalia, Gil, Cacheda, Sanjuán,Ayalen y Danilza (delante), jugadoras del Porriño.
Dos Santos, Natalia, Gil, Cacheda, Sanjuán,Ayalen y Danilza (delante), jugadoras del Porriño.
Calle balonmano, puerta Porriño

Siete jugadoras, dos pisos y una convivencia marcada por el balonmano. El Porriño tiene esta temporada dos subsedes en la localidad que son las viviendas donde habitan siete de sus jugadoras. En la más grande se encuentran las veteranas Ceci Cacheda e Iris Sanjuán y las jóvenes Danilza Liranzo y Natalia Martínez. En el segundo pone la particular veteranía Sara Gil, que está acompañada por las últimas en llegar, la argentina Fátima Ayelen y la brasileña Iasmin dos Santos. 
Cacheda explica que "somos cuatro, cada una se levanta a su hora porque tenemos horarios diferentes. Después quedamos a una hora para comer, vamos a entrenar por la tarde juntas y también cenamos juntas al terminar". Es el día a día de un grupo en el que "depende quien gana las peleas por el mando de la televisión. Natalia y yo somos las que estamos más tiempo, pero nos gusta ver lo mismo. Para ver balonmano no discutimos, lo que pasa es que en el Mundial cada una iba con una selección diferente".
En el particular 'piso pequeño' pone la experiencia Sara Gil y explica que "ellas llegaron tarde y les expliqué cómo es O Porriño, que tampoco tiene mucho que contar porque es un pueblo pequeño y hay lo justo. Sí hacemos mucha vida en común porque vamos juntas al entrenamiento por la mañana y después comemos y también al entrenamiento de la tarde. Aunque acostumbro a ir antes al pabellón porque llevo un grupo de niños". 
Compartir techo estrecha la relación entre las jugadoras, pero también hay que saber llevar los enfados deportivos, especialmente tras las derrotas. Ceci Cacheda matiza que "cuando perdemos, cada una lo lleva de una forma diferente. A mí igual me dura el cabreo una hora o dos. Por ejemplo, con Iris tengo una relación de hace diez años y ya nos conocemos más y sabemos cómo reaccionar. Se lleva bien y, después de los partidos, ya sabe cómo apoyarme". Una situación similar viven Gil, Ayelen y Dos Santos. La catalana admite que "cuando perdemos, se nota. Además, con Ayelen me llevo bien y tiene una carácter muy fuerte por lo que nos empezamos a decir lo que tenemos que mejorar. Además, en ocasiones, puedes pensar que lo has hecho bien y después lo hiciste fatal". De hecho, la guardameta es la analista del grupo porque "antes del partido siempre comentamos cómo son las porteras rivales porque ella lo estudia mucho, tengo la informadora en casa. Me dice, esta es muy explosiva, me va a salir así siempre... Le gustan mucho los vídeos y estudiar al contrario y me va muy bien porque tiene muy buen ojo, casi siempre acierta. Incluso en los partidos, cuando fallo un lanzamiento por lanzar a donde ella me dijo que no lo hiciera... Poco más sale de la portería para darme una colleja. Me dice: te digo que no tires ahí y lo haces". 
Por su parte, Cacheda y Sanjuán comparten piso, capitanía y amistad. Por este motivo, en casa "nos integramos bien y hacemos casi todo juntas, aparte de jugar de balonmano. Alguna vez discutimos, pero más en los entrenamientos. Incluso, en ocasiones, con Iris empezamos a gritar una a la otra y después estamos diciendo lo mismo.  Al entrenador (Abel Estévez) no lo criticamos mucho, porque le tenemos mucho cariño, pero sí que hablamos las cosas entre nosotras al ser capitanas y después, si es necesario, hablamos con él". 
Un elemento que diferencia los dos pisos del Porriño es la procedencia de las jugadoras. Sara Gil comparte vivienda con dos compañeras sudamericanas por lo que "me adapto bien a las compañeras de cada año. Es interesante conocer a gente y también otras culturas, lo que hacen y las comidas que hacen. A mí no me gusta cocinar y me dejo impresionar. La verdad es que hacen cosas raras, que no le encuentro sentido, pero después la comida está muy buena". Desde la experiencia explica que "Iasmin sí que es más novedad porque es muy joven y le cuesta más relacionarse. Pero en casa lo llevamos bien e intentamos ayudarle. También tiene que dejar que lo hagamos porque es la primera vez que sale de su país y se va a la otra punta del mundo. Le cuesta más porque llega nueva, no sabe el idioma, y creo que es un poco de desventaja, a pesar de que el portugués se entiende bastante bien aquí". 
Abel Estévez, como presidente y entrenador del Balonmano Porriño, es el encargado de organizarlo y explica que "comenzamos con un único piso porque estaba pensado para la gente de fuera, pero después, con la llegada de Cecilia Cacheda y alguna más, tuvimos que ir a dos. Así también pueden aprovecharlo para independizarse y disponen de más tiempo para poder estudiar". 
El técnico y directivo lamenta que "nos supone más trabajo porque es una gasto más, pero no contamos con otra opción. Aquí no tenemos residencia de estudiantes ni nada por el estilo. Otros clubes de División de Honor tienen convenios con universidades y nosotros no tenemos esa posibilidad. Es algo que no entiendo y una pena que la Universidad de Vigo no se implique en estos proyectos deportivos porque entre el primer y el segundo equipo tenemos diez jugadoras estudiando ahí y no tenemos ninguna ayuda de la entidad académica. La única jugadora que no estudia es Alba Dapena y se debe a que ya es profesora y estudió aquí".
En todo caso, Estévez se esfuerza en que las jugadoras puedan sentirse cómodas porque "también nos hacemos cargo de gastos de alimentación. De hecho, tenemos que agradecer la ayuda que nos presta la hostelería de Porriño en este tema. Le ayudamos en lo que podemos porque no podemos competir en cuanto a sueldo con otros equipos, pero las tratamos lo mejor posible". Pisos en la calle balonmano, puerta Porriño.n