EX SECRETARIO GENERAL DEL AYUNTAMIENTO DE VIGO

Balaídos no debe venderse

La remodelación del estadio de Balaídos está inmersa en su segunda fase, la de la grada de Río.
La remodelación del estadio de Balaídos está inmersa en su segunda fase, la de la grada de Río.
Balaídos no debe venderse

Voy a entrar en el tema que originó la pretensión del Real Club Celta de Vigo de adquirir el estadio de Balaídos, para lo cual voy a examinarlo desde un principio, con sus antecedentes.
Para construir el estadio de Balaídos se constituyó una sociedad, Estadio Balaídos S.A., que adquirió los terrenos por unas 50.000 pesetas, y con un presupuesto de construcción de un millón de pesetas en el año 1925, encargando un proyecto al arquitecto Jenaro de la Fuente, inaugurándose el 30 de diciembre de 1928, previo arrendamiento de la citada Sociedad del campo al Real Club Celta de Vigo, después de haber suprimido una parte muy importante del proyecto, contrato que fue rectificado al año siguiente, reduciendo la aportación económica del Celta, dadas las dificultades para pagar el arrendamiento. 
Posteriormente, hacia el año 1946, siendo alcalde Suárez Llanos, el Ayuntamiento compró el estadio, con cargo a un préstamo suscrito por el consistorio que sería amortizado a plazos.
En la presidencia de Manuel Prieto, el Celta quiso comprar el estadio de Balaídos, opción que no llegó a cristalizar ante la posibilidad de que a corto o largo plazo se llegasen a embargar las instalaciones como consecuencia de los graves problemas económicos que año tras año estaba padeciendo el Celta, comprometiéndose el alcalde de entonces, Tomás Pérez Llorente, a seguir con las mejoras en el estadio para usufructo del Celta, invirtiendo permanentemente dinero el ayuntamiento, por ejemplo para adaptarlo a los requisitos para el Mundial de fútbol del año 1982.
El contrato actual se realizó de conformidad con el informe del que suscribe, como secretario del Ayuntamiento de Vigo en el año 1989, aprobado por el Pleno del Ayuntamiento en la sesión del 5 de septiembre de 1989, redactado en contrato y aprobado por el Ayuntamiento en el Pleno del 28 de mayo de 1992, basado en una licencia de utilización, en vez de concesión administrativa, con lo cual se podían dar otras autorizaciones para utilización del campo de Balaídos, y tomando como base del mismo el sistema del contrato existente entre el Deportivo de La Coruña y el Concello de A Coruña de utilización del campo de Riazor; las obras de conservación del estadio correspondían al Celta y las obras mayores, al Ayuntamiento.
El contrato se renueva por 20 años, con obras mayores, gastos estructurales y una cláusula de salvaguardia que invalidaría el documento si el Celta dejase de ser el equipo representativo de la ciudad de Vigo, bien porque se traslade el domicilio del club a otro término municipal bien por una modificación significativa de la propiedad de la sociedad anónima deportiva que implique una alteración en el control de la gestión del club. La prórroga del contrato se debió al concurso de acreedores en que estaba inmerso el Celta, dado que el convenio con Hacienda estaba supeditado al de Balaídos.
En el año 1999, el que suscribe, ausente ya de la función pública, en un Foro de Urbanismo del Club Financiero de Vigo, planteó el problema del traslado del campo de Balaídos y en la intervención que tuve defendí que no hacía falta el mismo ya que estaba en un sitio céntrico, no era necesario un estadio de mayor cabida (el estadio de Balaídos registra una media 16.591 espectadores en 2016) y lo que haría falta exclusivamente eran obras de acondicionamiento, dada la necesidad de las mismas.
Vamos a examinar a grandes rasgos las vicisitudes que sufrió el posible traslado de Balaídos. En el año 2000 se examinó el traslado al polígono de Navia, que fue desechado por los servicios técnicos de Xestur, empresa operadora urbanística de la Xunta de Galicia, por no ser posible técnicamente, ya que había que ocupar parcelas asignadas a viviendas. 
En el año 2003 se inicia el proyecto de un gran Balaídos en una zona de 95.000 m2 que ocuparía también las pistas de atletismo, el colegio público Balaídos, parte del viario y parte del Lagares, y un paso subterráneo para la circulación. Consistiría en un estadio de 30.000 espectadores y el traspaso de Balaídos al Celta, que lo explotaría con una empresa con locales comerciales, uso hotelero, oficinas, y un centro comercial. Era un proyecto en el que estaba involucrada Caixavigo, que fue desechado terminantemente por Citroën por el incremento de tráfico y perjuicio para el funcionamiento de la empresa. Ante esa disyuntiva, se optó por renunciar a la indicada reforma.
En diciembre de 2003, el Partido Popular apuesta por la construcción de un nuevo estadio en terrenos de Valladares, que también fue desechado ante el rechazo de los vecinos.
En el año 2006 se hizo una propuesta ubicando bajo las gradas 20.000 m2 asignados a uso comercial, y posiblemente también a ocio y a uso deportivo, y algunos partidos se desmarcaron de la indicada propuesta de reservar espacio para aprovechamiento comercial.
Después hubo un tira y afloja entre el Ayuntamiento y el Celta. El Concello se comprometía a afrontar los gastos de reparación y la realización de los estructurales y el Celta, al mantenimiento del terreno de juego.
En el año 2014 se acordó afrontar la reconstrucción total del campo de Balaídos con el Ayuntamiento de Vigo, con la colaboración económica del propio Celta y la Diputación de Pontevedra, y no contribuyendo el consorcio de la Zona Franca cuando se le pidió la colaboración, como tampoco la Xunta de Galicia, incomprensible negativa para llegar a un acuerdo con las obras ya prácticamente en fase de terminación.
El presidente del Celta, en el año 2016, planteó la compra del estadio al Ayuntamiento, asegurando que tenía una oferta de compra del Celta por parte de un grupo chino, oferta de compra que desestimó el presidente, manifestando además que no necesitaba adquirir el estadio para la venta de la sociedad al indicado grupo.
El presidente del Celta inició entonces una campaña de promoción de la necesidad de que el estadio pasase a la sociedad Real Club Celta de Vigo. Hubo reuniones con los representantes de los agentes sociales, partidos políticos y peñas deportivas del Celta. El ayuntamiento se mantenía firme en que Balaídos no se vende.
Por último, el Concello, por consenso de los partidos políticos, ofreció al Celta la solución de la utilización del campo de Balaídos con una concesión por 50 años y el pago de un canon por la misma. El Celta no esperó a conocer el importe del canon y plantea construir, si no se compra Balaídos, otro estadio incluso en otro municipio. 
Así las cosas, estimo que el Ayuntamiento no debe desprenderse del estadio de Balaídos, ya que entra dentro de sus competencias de disponer de instalaciones deportivas, y en este aspecto, en cuanto al fútbol, como examinamos, siempre se ocupó de que el Celta tuviese las instalaciones necesarias. En caso de desprenderse del estadio Balaídos, el Celta dispondría del mismo a su antojo, y la ciudad de Vigo queda supeditada para la utilización del estadio a lo que disponga la sociedad Real Club Celta de Vigo; y en el transcurso del tiempo, no se sabe cómo evolucionaría el club en su relación con la ciudad.
La ciudad de Vigo siempre mostró su apoyo al Celta, desde la adquisición del campo, con las obras que se fueron realizando, la construcción del campo de A Madroa e incluso con subvenciones para el mantenimiento del club. La simbiosis entre el Celta y la Ciudad fue y es actualmente una realidad, favoreciéndose mutuamente en su desarrollo. De llevar el Celta el campo a otro municipio, que es su principal exponente, ya no sería el Celta de Vigo, aunque continuase el domicilio social del club de fútbol en Vigo.
La situación de Balaídos es céntrica, allí se desplazan centenares de aficionados a pie, y la lejanía disminuiría el número de seguidores que acudiese a los partidos. Además, como dijo un presidente del Celta (en una manifestación a la prensa el 21 de junio de 2003) para justificar un centro comercial y de ocio, al lado del campo de fútbol, manifestando que no era rentable hacer un campo nuevo solo para jugar cada 15 días.
La oferta del precio de compra es ridícula, es el precio de las obras que se están ejecutando, y no tiene en cuenta la adquisición de los terrenos, la situación, y el Celta conoce perfectamente cuánto cuesta un nuevo campo, desde la adquisición de los terrenos a la construcción del mismo.
La actualización y la renovación del estadio ya se está realizando, que era uno de los problemas a solucionar; y el malestar del Celta provenía, al parecer, de que el Ayuntamiento no proyectaba ni ejecutaba la ciudad deportiva. Afrontada la renovación de Balaídos, el Celta puede centrarse en la ciudad deportiva, que era una de sus grandes aspiraciones.
En cuanto a lo que dice el presidente del Celta, que hay errores en las instalaciones que se están ejecutando en Balaídos, no puedo opinar que es una cuestión técnica que en todo caso debe solucionarse, en su caso, para quedar con la funcionalidad requerida.
En conclusión, debe realizarse un convenio entre el Ayuntamiento y el Real Club Celta de Vigo de una forma sencilla, como la expresada en el del año 1992, para la utilización de los terrenos por parte del Celta, que beneficia a ambas partes, y concluir todo el proyecto de obras necesarias en el estadio.

(*) Ex Secretario General del Ayuntamiento de Vigo