a vueltas con el idioma español

La academia de la Lengua, aunque con ciertas resonancias a eslogan publicitatio de algún detergente, mantiene el lema de: 'limpia, fija y da esplendor al idioma'.
Y de una manera más explícita, en el artículo primero de sus estatutos, se preceptúa la obligación de 'establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección y de contribuir a su esplendor'.

Y siendo por tanto, coherentes con estos contenidos, echamos muy en falta, al académico que elegido o designado portavoz de la docta casa, ejerza ese protagonismo, tan necesario y útil, de difundir esos criterios de propiedad y corrección a que aluden los estatutos mencionados.

La sociedad necesita oír la voz autorizada de la Academia, ante la desorientación y, el alarmante aumento, de incorrecciones léxicas de bulto, que se reflejan a diario, y que van en contra de los usos generales de la lengua, degradándola, con toda suerte de transgresiones, tópicos y muletillas, mal empleados.

Aunque los ejemplos, sobre lo comentado, podrían resultar exhaustivos, nos fijaremos principalmente en uno, en el que incurren con frecuencias, desde catedráticos de universidad, escritores, jueces, políticos, etc.

Se trata del mal uso de los pronombres posesivos: mío, tuyo, suyo, nuestro, vuestro y sus plurales y femeninos, que denotan la posesión a la persona gramatical, supliendo esta condición incorrectamente, por la de meros indicadores personales, sin valor posesivo complementando a adverbios de lugar.

Así se expresa erróneamente: detrás mío, detrás tuyo, encima tuya, cuando alguien va delante de mí.

Siendo lo correcto, en los casos citados: detrás de mí, detrás de ti, encima de ti, y delante de mí.

Si bien hay que tener en cuenta, sobre este particular, las excepciones que contempla la Academia aceptando el empleo de posesivos tras el adverbio alrededor: miró consternada alrededor suyo. Este ejemplo se adaptaría a la excepción explicada.

Creo que esta casuística puede resultar de provecho, para esclarecer y subrayar la corrección gramatical, y la adecuada aplicación de los pronombres posesivos.

El gran maestro y académico Lázaro Carreter, censuraba estas infracciones, con las siguientes palabras: 'pican en los oídos, y, pertenecen no ya a la plebe, sino al puro lumpen lingüístico'.

Tendríamos que cuidar, y respetar mucho más, al único medio que tenemos los seres humanos, para comunicarnos y relacionarnos, evitando asimismo, esas adherencias de mal gusto, que incluimos siempre en nuestras conversaciones, a modo de latiguillo, como atraídos por el vicio del contagio oral: para nada,... y punto pelota, poner en valor, puro y duro, negro sobre blanco, etc.

Y para finalizar este apresurado muestreo, y muy sucintamente, mencionaremos a esa jerga, ese lenguaje, que constituye un microsistema diferenciado, que emplean los jóvenes para relacionarse, y en el que se prescinde de todo sintagma, utilizando palabras (o palabros) interjectivas sin formar oración; así tenemos, tronco, tío, colega, me mola, es muy fuerte, estar rallado, etc.

Es una manera de hablar, que se enmarca en el lenguaje cheli, que por supuesto en esta ocasión, delego a la sociolingüística, su análisis y comentarios, concluyendo desde el convencimiento, de que con estas peculiares formas de comunicación, se rebaja y empobrece sobremanera, el caudal idiomático.

La lengua es un instrumento de tanta trascendencia, que la vida social, va a depender de la cultura lingüística de los ciudadanos.

Las palabras, como ya dijo alguien, son esos misteriosos pasajeros del alma, y, son digo yo, la esencia y la parte más sustancial, del ser humano.